El autor narra en primera persona como si él fuera su padre. Es curioso que este recurso lo utiliza César Sebastián en su cómic Ronson (comentado aquí) y mientras que en el cómic la narración me transmitía disonancias incómodas, en el texto de Pachet me ha parecido un recurso inteligente y perfectamente funcional. Quizá se deba al prefacio que explica esa decisión y a una ejecución impecable.
Aquí la prosa es exquisita y presenta vivencias y reflexiones interesantes. A riesgo de caer en spoilers... Cuando la enfermedad empieza a hacer mella en el padre, la narración se vuelve más íntima y lírica, como si la cercanía de la muerte exaltara la percepción y la humanidad. La narración del deterioro del padre es lo mejor del libro.
Tengo ciertas reservas con algunos comentarios prosionistas, pero, hasta donde mis habilidades interpretativas alcanzan, el autor incluye subrepticiamente un párrafo en el que, después de visitar Israel, critica las atrocidades cometidas en Palestina por los judíos (recordemos que el padre falleció en 1965 y la Nakba comenzó en 1948).
Algunos apuntes:
- Él y su mujer eran judíos. Tras la Segunda Guerra Mundial dice: "Los deportados venían a decirnos: no tenéis derecho a quejaros. Y yo pensaba: unos murieron en Auschwitz, otros sobrevivieron, a nosotros nos pasó de largo, otros ni siquiera sufrieron amenazas; pero esta enumeración no fija una jerarquía de personas: tan sólo una escala de sufrimiento".
- El Estado judío "imaginado por Herzl encontraba su justificación más dramática en el [...] sistema de los campos de concentración", es decir, el exterminio de judíos justifica el sionismo, así que dedicó todos sus esfuerzos a la organización sionista.
- Prefiere el otoño por "la infinita riqueza de colores que presenta la vegetación" y continúa: "comprendo, o creo comprender, ese lenguaje infinitamente sutil con el que los árboles hablan a las personas y no pretendo exponer aquí, ni en ningún otro lugar, los detalles de esos silenciosos diálogos que, sin embargo, despiertan lo más vivo que hay en mi interior, pues sólo se dirigen al individuo, a esa parte de sí que no necesita comunicación con sus semejantes, sino que se regocija a la vez de ser y de ver la creación".
- En momentos "en los que todo se precipita, querría uno detener, o al menos ralentizar, el curso de los acontecimientos para tener tiempo de sopesarlos uno por uno con la atención que merecen. Pero, desde luego, sólo merecen una atención tan escrupulosa porque se precipitan y porque sus significados, débiles en sí mismos, se entrecruzan y se entrecortan, se ocultan los unos a los otros".
- "Estoy plenamente presente en mí mismo, pero cada una de estas presencias tiende a aislarse de forma radical de la precedente; y la siguiente la borra. ¿Por qué no conoceré a nadie que tolere la discontinuidad en la que habito? ¿Por qué las pocas amistades que todavía hoy sigo haciendo me obligan a imitar un vínculo entre unos estados de conciencia que ya no siento? ¿Acaso los seres humanos sólo pueden comunicarse a través de la sucesión, nunca en el instante?".
Algunos apuntes:
- Él y su mujer eran judíos. Tras la Segunda Guerra Mundial dice: "Los deportados venían a decirnos: no tenéis derecho a quejaros. Y yo pensaba: unos murieron en Auschwitz, otros sobrevivieron, a nosotros nos pasó de largo, otros ni siquiera sufrieron amenazas; pero esta enumeración no fija una jerarquía de personas: tan sólo una escala de sufrimiento".
- El Estado judío "imaginado por Herzl encontraba su justificación más dramática en el [...] sistema de los campos de concentración", es decir, el exterminio de judíos justifica el sionismo, así que dedicó todos sus esfuerzos a la organización sionista.
- Prefiere el otoño por "la infinita riqueza de colores que presenta la vegetación" y continúa: "comprendo, o creo comprender, ese lenguaje infinitamente sutil con el que los árboles hablan a las personas y no pretendo exponer aquí, ni en ningún otro lugar, los detalles de esos silenciosos diálogos que, sin embargo, despiertan lo más vivo que hay en mi interior, pues sólo se dirigen al individuo, a esa parte de sí que no necesita comunicación con sus semejantes, sino que se regocija a la vez de ser y de ver la creación".
- En momentos "en los que todo se precipita, querría uno detener, o al menos ralentizar, el curso de los acontecimientos para tener tiempo de sopesarlos uno por uno con la atención que merecen. Pero, desde luego, sólo merecen una atención tan escrupulosa porque se precipitan y porque sus significados, débiles en sí mismos, se entrecruzan y se entrecortan, se ocultan los unos a los otros".
- "Estoy plenamente presente en mí mismo, pero cada una de estas presencias tiende a aislarse de forma radical de la precedente; y la siguiente la borra. ¿Por qué no conoceré a nadie que tolere la discontinuidad en la que habito? ¿Por qué las pocas amistades que todavía hoy sigo haciendo me obligan a imitar un vínculo entre unos estados de conciencia que ya no siento? ¿Acaso los seres humanos sólo pueden comunicarse a través de la sucesión, nunca en el instante?".






















