La verdad es que esperaba poco de esta novela, sobre todo viendo los detritus que causan revuelo en España últimamente (ejem ejem y por cercanía territorial ejem), y me acabó sorprendiendo. Una historia que consigue ser triste y bonita a la vez (que transmite belleza y oscuridad a partes iguales), con un estilo ágil que tiene pinceladas mágicas y es capaz de crear una atmósfera inquietante de Lanzarote y su entorno natural.
Entro en spoilers...
Dos hermanas de una isla canaria.
La pequeña se llama Aleja.
La pequeña se llama Aleja.
La mayor, Manuela.
Los padres son alcohólicos y se pasan todo el día en el bar.
Los padres son alcohólicos y se pasan todo el día en el bar.
Hasta las dejan solas por la noche.
(Qué recuerdos...)
La abuela va al bingo y también las deja solas.
La abuela va al bingo y también las deja solas.
Un día Manuela pierde de vista a Aleja y un hombre la mata.
Y Aleja se aleja.
Surge el tema de la culpa.
Y de la herencia, no vista como un aspecto material, sino como un poder para ver a los muertos.
Manuela: "el volcán nunca nos quiso hacer daño".
En el imaginario de terror de las niñas, el monstruo era el volcán.
Pero la naturaleza no es tan horrible como el ser humano.






















