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16 de junio de 2025

Marrasquino apolillado

La fuente de la edad
de Luis Mateo Díez.

Después de leer las cinco primeras páginas, soporíferas en grado sumo, puse un temporizador de 30 minutos y decidí que si en ese tiempo no me ofrecía nada, lo dejaría
. Y lo dejé, incluso antes de que sonara (¡qué desfachatez!). 

Me pasa lo mismo que con gran parte de la literatura española del siglo 20 y anteriores: desprende un olor a rancio que es difícil ignorar. Puedo entender que alguien (probablemente mayor de 50) aprecie el alambiqueísmo de la prosa y sus filigranas o la capacidad de Díez para dar vida a los diálogos, pero nada de esto aligera la sensación de que te están metiendo en la boca una mezcla pastosa de cotilleo rural pseudosofisticado y petulancia lingüística que amenaza con atascar la epiglotis y hundir tu cerebro para siempre en el fango enmohecido que se extiende en las vegas y sus alrededores.

3 de febrero de 2014

Cuando + es -

Apócrifo del clavel y la espina de Luis Mateo Díez.

El carnicero me advirtió que con un cuarto de libro sería suficiente. Acertó. Prosa de andares ancianos, sobrecargada de nombres propios, extremadamente alambicada. Dice así: "Las Murias de Valbarca es el centro comarcal del Valle y Pobladura de San Roque, la aldea más perdida, casi una braña en los altozanos de La Quebrada" y así "era un monje anacoreta llamado Cebedeo Narayola, llevaba al cuello la cruz de San Genadio y vestía la melota de piel de cabra de los hijos de San Fructuoso". Y también dice cosas como "era un lozano garañón" o "una familia de maragatos mejorados". Este texto es un claro ejemplo de que un exceso, bien camine hacia lo vulgar o hacia lo elevado, siempre resulta perjudicial. En primer lugar, creo que el autor retuerce su prosa para contar cosas que por su insulsez no lo requieren, es decir, el contenido no está a la altura de la forma, la complejidad de la prosa no encaja bien con las banalidades del entorno rural que se presenta, es más, resulta disonante y parece una pose o un barniz que intenta elevar un botijo a la categoría de astro. En segundo lugar, el autor complica tanto las frases que la acción pierde su efecto, la prosa empaña el cristal, las palabras se vuelven opacas, la acción pierde fuerza porque hay un amasijo de complejidad entre lo que ocurre en el texto y el lector, las palabras, en vez de señalar con el dedo hacia la acción, dan volteretas y se señalan a sí mismas para que papá lector aplauda la gesta. En tercer lugar, y último, algunas frases encadenan palabras rebuscadas, símbolos y metáforas como si de construir el castillo de naipes más alto del planeta se tratara, ejemplo: "de todas las cicatrices las peores son las que quedan tras cauterizarse las heridas de la memoria, ese terco volcán siempre dispuesto al estiaje de las lavas, aventador de las cenizas como el mal viento que desperdicia las pajuelas de la era". La prosa no es mala, pero resulta excesiva por todas partes y tiene cierto aire exhibicionista. Cuando el papel se convierta en arena de playa nudista avisaremos al autor.