Nada puede salir mal cuando el protagonista no se empalma con mujeres atractivas, sino con cadáveres. Su vida un sinsentido bañado en alcohol y lágrimas. Un desgraciado. La obra una alucinación macabra y perversa. El cementerio como burdel. El protagonista como amante de... mejor que hable él mismo: "lo que amaba en ella era su odio, amaba la imprevista fealdad, la fealdad monstruosa que el odio daba a sus rasgos".
Esta novela demuestra que con palabras relativamente sencillas y sin entrar en conceptos enrevesados se puede crear una atmósfera onírica y oscura, lo que, en el fondo, es su mayor logro. Si bien no me ha dejado totalmente satisfecho (hay muchas decisiones narrativas cuestionables), sí que ha despertado en mi interior un impulso por leer más obras de Bataille.
