Mostrando entradas con la etiqueta Loe. Erlend. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Loe. Erlend. Mostrar todas las entradas

30 de mayo de 2025

Va con efecto

Doppler
de Erlend Loe.

Después de un accidente de bici, un padre de familia descubre la quietud del bosque y decide dejar la ciudad (Oslo) e instalarse en él. El protagonista insiste en que no le gusta la gente, no le interesa el dinero... Rechaza todas las convenciones sociales.

La novela es simpática y entretenida, y la sencillez del estilo hace que se lea con facilidad. No obstante, es demasiado simplista y aunque Loe ofrece algunas observaciones interesantes sobre la sociedad actual, las ideas no acaban de cristalizar del todo. 

La falta de trascendencia en los motivos y la experiencia del protagonista invita a pensar que el autor, aunque apunte alto, sólo está presentando a un personaje que actúa de forma irresponsable, ya que parece que el hombre deja de lado a su familia por un impulso caprichoso, no por un sentimiento genuino o una idea verdaderamente significativa.

Algunos fragmentos rescatables:

- El protagonista cree que ser aplicado en la vida es negativo y espera que sus hijos estén a tiempo de no serlo. En cierto momento le dice al hijo 
que mejor "ir a un colegio en el que no haya que aplicarse tanto, quizá algo de tipo artístico, un colegio que te enseñe a desplazar los límites en vez de a mantenerlos".

- Renuncia a la ambición. "No pienso tratar de lograr nada más en lo que me quede de vida. No pienso conseguir nada en absoluto".

- La historia del señor Düsseldorf es sugerente: está recreando en su salón, con figuritas, el momento exacto en el que su padre murió, en la ofensiva de las Ardenas en 1944. Está obsesionado con ese momento, a las 14:20, y se pregunta "¿Qué horas son esas de morir?". Suena cómico pero a su vez es trágico.

- "Para mí, ver la televisión es como abrir una enciclopedia de por qué no me gusta la gente. La televisión es la quintaesencia de todo lo repulsivo de las personas". Y remarca cómo los reportajes de la tele simplifican la vida de las personas.

- Su hijo tiene un tío que se llama Tom y Loe lanza un guiño a la cabaña del tío Tom, sugiriendo que la gente es esclava de las normas y las convenciones.

- Poco a poco empieza a venir más gente al bosque y eso no le gusta. "El problema de la gente es que, una vez que ocupa un espacio, dejas de ver el espacio y solo la ves a ella. Grandes paisajes desolados dejan de ser paisajes desolados en cuanto contienen a una o más personas. La gente determina el punto donde fijas la mirada, de hecho, la mirada de las personas casi siempre se dirige hacia otras personas. Así ha surgido la ilusión de que las personas son más importantes que las cosas de la tierra que no son personas. Es una ilusión asquerosa".

- Cree que debería surgir otra especie humana con "menos cualidades agresivas" y "menos sentido de la propiedad".

- Dice que Noruega es rica gracias al petróleo pero invita a que te preguntes "a quién pertenece el petróleo del fondo del mar o la electricidad que se saca de los ríos. ¿Y cómo es posible comprar o vender nada? Noruega es un insignificante suburbio del mundo real, del cual nos apartamos más cada día". Hay un fallo en esta reflexión y es que para explotar los recursos necesitas tecnología y gente cualificada y ahí es donde entran los países y su desarrollo, pero entiendo por dónde va.

7 de enero de 2022

El tiempo es oro, aunque no exista

Naíf. Súper.
de Erlend Loe.

Novela protagonizada y narrada por un joven de 25 años extremadamente ingenuo y adorable que ve las cosas de manera despreocupada y no teme ser él mismo. Y me detengo aquí para aplaudir al autor por ser capaz de indagar en la condición humana con una obra sencilla y emotiva.

Erlend Loe ha creado un texto absolutamente encantador, desplegando detalles y observaciones de forma discreta pero manteniendo el interés. Todo está manejado con mucha delicadeza y el ritmo es muy bueno. Además, el humor es sutil y efectivo. Spoilers a continuación...

"Si el universo es pasajero, es fácil pensar que la vida humana carece de sentido. ¿Por qué tendría que hacer nada en absoluto? Por otro lado, resulta tentador intentar sacarle el mayor provecho posible". Este tipo de ambivalencias son las que dan riqueza al texto y tocan la esencia misma del ser humano: la vida es absurda y no tiene sentido, pero ya que estamos, vamos a intentar aprovecharla.

Este contraste también se aprecia en el protagonista. Él, por ejemplo, se dedica a leer un libro de física y a reflexionar sobre el universo y el tiempo, pero luego hace listas en las que valora cosas básicas que harían reír a más de uno. También cree en "la purificación del alma a través del juego y la diversión", algo que suena infantil pero que es más significativo de lo que parece.

El final es delicioso. Hacia la mitad del libro, el protagonista envía un email al autor del libro que está leyendo para preguntarle cosas sobre el tiempo y el universo. El hecho de mandar las preguntas nace de una actitud naíf, pero las preguntas en sí mismas sí que tienen un impulso inquisitivo. Al final descubrimos que el email se queda sin responder. Lo irónico es que el autor de un libro que afirma que el tiempo no existe, no tiene tiempo para contestar preguntas de lectores. Aquí llegamos a otro contraste interesante: a nivel teórico el tiempo puede que no exista, pero a nivel práctico sí, o por lo menos así es como lo percibimos todos.

No obstante, el protagonista es un ser diferente, pues para él es al revés: el tiempo existe como concepto, incluso le resulta atractivo (por eso quiere un reloj), pero no a nivel práctico, por eso tiene 25 años pero parece un niño pequeño.

Erlend Loe acerca el archiconocido "carpe diem" a las tendencias infantiles, diciéndonos que hay que dejarse llevar por nuestro niño interior para trascender el tiempo y poder así disfrutar más de la vida. Esto puede sonar un poco a cliché, pero Loe llega a ello de una manera singular y única.