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4 de junio de 2021

Antes de la "s" va la "n"

Ordesa de Manuel Vilas.

88 páginas son suficientes para llenarte, o para darte cuenta de que, a pesar de ellas, sigues con hambre. Torrente abrumador de ideas y reflexiones poco desarrolladas y sin estructurar. No plantea escenas concretas, ni situaciones con un mínimo de enfoque; el autor se limita a vomitar lo que le sale de la cabeza sin orden. Uso "vomitar" por su cercanía literaria con la definición wikipédica del acto: "expulsión violenta y espasmódica del contenido del estómago a través de la boca". En la página 22 intenta justificar el caos narrativo diciendo que su madre era igual y que a lo mejor refleja el "desasosiego personal". No me vale. Más allá de alguna ocurrencia interesante, Manuel consigue poco. Paradójicamente, muchas veces los escritores vomitan para poder comer. Este es uno de esos casos.

31 de mayo de 2013

Y que qué

Los inmortales de Manuel Vilas.

En un principio me pareció original (primer capítulo), después me di cuenta de que no era tan novela como esperaba y el texto cayó por sí solo. Una colección de relatos (leí tres completos y hojeé un par de ellos) en los que el autor suelta una retahíla de gilipolleces (o chistes cojonudos, según se mire) ambientados en el futuro. Imaginación nivel amateur, es decir, inventa superficialmente, no inventa un entramado de acciones, analogías, metáforas y significados que se conecten con fuerza a una idea. Da la sensación de que ha escrito lo que se le ha ocurrido en el momento y ya está, da igual, todo vale, somos postmodernos. Se puede ver como algo interesante, ingenioso, atrevido (según reseñas, contraportada, etc.), o como algo infantil, estúpido e inconsistente. Lo siento pero me decanto por lo segundo, el "todo vale" como excusa postmoderna se lo vendes a otro.