Corre, conejo de John Updike.
Me detuve en la página 132, la mitad exacta de la edición de Penguin, para que mi abandono tuviera la misma precisión que la gula expositiva del autor. Hay que reconocer que la prosa de Updike tiene calidad, el problema es que aquí sólo le presta atención a las descripciones, todas ellas excesivas y miniaturistas, abusando de la lupa en detrimento del catalejo. Me lo advirtieron en el blog de Cuaderno de lectura, pero ya era demasiado tarde porque acababa de comprar el libro.
La historia del lepórido no arranca en ningún momento y los personajes carecen de interés. Puede tener cierto valor como obra representativa de la parsimonia narrativa que caracteriza a muchos escritos pre-Internet (pre-bufé-libre-de-estímulos-ven-y-mira, pre-nos-rodea-tanta-información-que-lo-único-efectivo-es-lo-que-impacta-en-poco-tiempo), donde la acumulación de detalles insignificantes, muchos y lentos, evoca un tiempo y un lugar de forma relativamente nostálgica, pero produce una experiencia de lectura poco estimulante y poco enriquecedora.
Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo
Hace 4 días
