Bloomington,
Churchill, Memphis, Delaware... poco importa. Banalidad y planicie se
juntan para presentar unos relatos vacíos de estilo y contenido, repletos de frases
hechas y con un uso deficiente de las comas. Y ahí está: otro libro cuya
aportación a la literatura se ve representada por la tecla situada entre el 9
del sobresaliente y la comilla solitaria, entre la curva que cierra el
paréntesis aclaratorio y el signo de interrogación que concluye una pregunta.
La propia tecla lo dice todo: igual a cero.
Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo
Hace 4 días