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20 de enero de 2025

Merricat

Siempre hemos vivido en el castillo
de Shirley Jackson.

No cabe duda de que Shirley Jackson sabe escribir, pero por desgracia, aquí la historia genera poco suspense y apenas tiene intensidad. La autora divaga mucho más que en La maldición de Hill House (comentada aquí) y la atmósfera no está tan conseguida. 
Los giros finales tampoco me sorprendieron demasiado. Lo mejor de la novela es que sus personajes son verdaderamente cautivadores (me habría encantado verlos en una obra más interesante). Sigo con spoilers...

La idea de la comida como fetiche que menciona Oates en el epílogo (edición Modern Classics de Penguin) es sugerente, pero Jackson no desarrolla el tema de forma significativa. Creo que la comida funciona principalmente como motivo literario de distracción (la cocinera habitual no es Mary) y para convertir algo que nutre y da confort en un arma mortífera.

He leído algún artículo sobre la comida en la obra y hay varias teorías que apuntan a que Jackson quiere mostrar el poder que tiene la comida y cómo puede servir para empoderar a la mujer. Se supone que el que cocina está por debajo del que come, pero Jackson demuestra que es una dinámica de poder peculiar y el que cocina en realidad tiene más poder de lo que parece. Todo esto suena muy bien, pero no llega con claridad a través del texto, que es lo que realmente importa.

12 de noviembre de 2024

Journeys end in lovers meeting

La maldición de Hill House
de Shirley Jackson.

Novela de ¿terror? escrita con sencillez que arranca muy bien, se extiende demasiado en la sección intermedia y al final se resuelve de una manera bastante interesante. Si bien es cierto que esperaba más incidentes y sentir algo más de miedo, creo que la atmósfera está conseguida, los personajes son creíbles y el giro final es de rechupete.

Reflexión (con spoilers):

El suicidio final de la protagonista es ambiguo, ya que no sabemos si se ha vuelto loca o ha sido la casa la que ha hecho que se suicide. Igualmente, la idea queda clara: u
na persona que nunca ha sido amada y que vive infelizmente encerrada en casa con su madre acaba disfrutando cualquier cosa que le estimule y le haga sentirse querida o, como ella misma lo expresa a veces, "pertenecer". Aquí pertenece a un colectivo y siente cosas, aunque no sean del todo bonitas.

Profundizando un poco más, podríamos decir que la protagonista acaba enamorándose de la casa (ella no deja de repetir la frase que da título a esta reseña, en español vendría a ser: en los viajes acaban encontrándose los amantes). En el fondo, la casa representa cualquier tipo de relación abusiva o asimétrica en la que la mujer se mantiene con tal de sentir cosas y pertenecer, aunque todo ello sea negativo. Aquí la protagonista prefiere la montaña rusa nociva antes que la monotonía estable.