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25 de diciembre de 2023

Pitanza de nabos con nogada

Te di ojos y miraste las tinieblas
de Irene Solà.

Abro el libro con ganas de encontrarme algo similar a Canto yo y la montaña baila (comentado aquí) que me pareció excelente, pero ya desde los primeros párrafos percibo, insospechadamente, cierto lodo prosístico, cierta inelegancia, cierta inepcia estilística, y todo esto se confirma a los pocos pasos.

Hay escalones subterráneos, poco iluminados, que invitan y quieren dirigirnos hacia la oscuridad, pero que acaban transformándose en escaleras mecánicas que se mueven en sentido contrario y obstaculizan, si es que no bloquean totalmente, nuestra marcha.

El primer capítulo está lleno de enumeraciones extensas y caos ambiguo y marujeo y personajes y conjunciones y comas y un ritmo que se entrecorta y ángeles y demonios y Dios de vez en cuando y nada atrae y nada enamora.

El segundo capítulo está repleto de lo mismo y ni define personajes ni orienta la narración y uno se cansa en llegando a la página 50 y lo único que puede hacer este uno es cerrar los ojos que le dio Irene y dejar de mirar unas tinieblas que dan forma al título, pero que no vienen secundadas por una atmósfera conseguida ni por un mal de ojo que haga temblar a la piel por dentro.

Y la decepción echa fuego por la boca y chamusca la maleza y con las brasas que quedan cocina el vientre de los lugareños, eligiendo a los comensales apuntando el dedo hacia las sombras.

31 de agosto de 2022

Sec

Los diques
de Irene Solà.

Abandono a las 110 páginas con una sensación de decepción bastante aguda, principalmente porque es una novela que no tiene nada de la magia de Canto yo y la montaña baila, que me pareció fantástica (comentada aquí).

Aquí una serie de personajes deambulan por el papel sin ninguna trascendencia y sin propósito claro. La historia está tan poco definida que a veces parece que estamos ante una colección de relatos en los que simplemente se repiten algunos nombres. La indefinición podría funcionar si el texto ofreciera algo interesante o evocador, pero no es el caso. Aun así, estaré atento a lo que Solà escriba en un futuro.

30 de junio de 2021

La montaña mágica

Canto yo y la montaña baila
de Irene Solà.

Al principio la lectura resulta frustrante por tanto desorden narrativo, por la imposibilidad de agarrarse a algún personaje bien definido y por la ausencia de un hilo temporal claro. Poco a poco te vas acostumbrando, aceptando, tolerando, y uno acaba saboreando el caos con gusto. 

Irene Solà sabe escribir muy bien, no hay duda. Aquí saca la varita para plantear una especie de realismo mágico de la montaña, con una prosa muy expresiva, desarrollando situaciones y anécdotas con cierto lirismo rural y pinceladas mitológicas. Lo mejor de todo es que la expresividad de la autora encaja perfectamente con el entorno que describe, de tal manera que forma y contenido cabalgan en armonía.

Se le podría achacar que no plantea reflexiones agudas, ni tiene una profundidad enriquecedora, pero lo compensa de sobra con una prosa característica y una visión singular de la naturaleza, el pueblo y la montaña que te da ganas de ir a vivir allí. Además, tiene capítulos sugerentes y la antropomorfización, un recurso que en general suele ser espinoso, funciona bien.

Es evidente que Irene Solà tiene mucho potencial. Posiblemente sea la mejor escritora joven de España (incluyendo machos y hembras hasta los 40 años de edad) que he leído hasta la fecha. Una pena que no escriba en español para poder degustar su obra en versión original.