Quiere ser una novela negra más cuidada de lo habitual.
Casi. Las primeras páginas tienen 5 o 6 enunciaciones bastante largas, dícese de la falta de
recursos. Si consigues superar el escollo te das cuenta de que nada sucede en
el texto, todo es narrado, por ejemplo, las características del personaje no se
transmiten a través del acto sino del narrador. Quitando algunas frases largas
que son insoportables, la prosa es correcta, pero lo dicho, no pasan cosas, más
allá de la mente del autor no sucede nada. No hay hechos, hay narraciones de
hechos. El lector es muy consciente del narrador y eso impide que el libro se
convierta en un ente autótrofo (un universo propio), por lo tanto, se hace evidente que estamos ante
un artilugio narrativo. Piglia dice en la contraportada que Saer es uno de los
mejores escritores del planeta y éste a su vez le dedica el libro. Cosas de negocios.
Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo
Hace 4 días