Agujero negro de Charles Burns.
Viaje oscuro y alucinógeno en el que se disfruta más el apartado visual que el narrativo. Es innegable que los dibujos son excelentes. Charles Burns maneja muy bien las texturas, los contrastes y los claroscuros y además crea una atmósfera muy convincente.
El problema es que el concepto de la infección, más allá de servir para algún destello visual y alguna escena sugerente, apenas se desarrolla. En términos interpretativos, puede ser una analogía de cualquier enfermedad, condición o atributo personal que suponga algún tipo de marginación social, pero apenas se indaga en ello.
Burns pone demasiado énfasis en las relaciones sentimentales y estas acaban convirtiéndose en el único motor de la historia, lo cual resulta decepcionante, ya que se desaprovecha la misteriosa enfermedad y todo el subtexto sexual que conlleva.
En definitiva, acabamos presenciando una serie de vínculos románticos poco desarrollados entre individuos "socialmente inadaptados". Y el final, en lugar de ser un bálsamo para los defectos de la historia, añade una cucharada más de indiferencia e insatisfacción.
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