13 de julio de 2024

Chufiri

Tokio, estación de Ueno
de Yū Miri.

Me bebería una horchata fresquita para aplacar los calores del verano, pero no extraída de las venas de Miri.

Japonesa de padres coreanos, de ahí el jaleo que se traen la editorial y la biblioteca con el nombre y el apellido (Yū Miri para la editorial, Miri Yu para la biblioteca).

Y dice así: un hombre que vive en la calle recuerda su pasado.
Y digo: la dispersión de Miri perjudica al ritmo y al impulso narrativo. 
Leemos, pero no sabemos hacia dónde vamos, en un sentido estrictamente negativo.
Nada tiene intensidad y el aburrimiento lo impregna todo.
65 páginas y sayonara.

10 de julio de 2024

La eternidad no conoce de techos bajos

La comemadre
de Roque Larraquy.

Libro fascinante principalmente por cómo chisporrotea la imaginación del autor y cómo la luz y el fuego del proceso se quedan grabados en el papel.

Sigo con spoilers...

1ª parte:
En un sanatorio quieren llevar a cabo un experimento disparatado: convencer a los que están a punto de morir para que "donen su cuerpo a la ciencia" con el fin de guillotinarlos para averiguar cosas sobre la muerte, pues se supone que una cabeza decapitada sigue con vida durante nueve segundos.

La premisa es killer y Larraquy está a la altura, ofreciendo una prosa de calidad para desarrollar la historia con mucho ingenio y unos destellos cómicos que varias veces consiguieron que me riera a carcajadas. Posiblemente sea uno de los libros más graciosos que he leído últimamente.

Resulta que la comemadre es una planta de Tierra del Fuego que produce larvas animales que "tienen la función de devorar al vegetal hasta resecarlo por completo. Los restos se dispersan y fecundan la tierra, donde se reanuda el proceso [...] Si se extraen las larvas en condiciones de laboratorio, el vegetal crece hasta que no puede sostener su propio peso, y muere sin reproducirse". La usan los granjeros para deshacerse de las plagas, ya que mata a las ratas que ingieren sus larvas (se las comen hasta el hueso). Uno de los médicos quiere usarlas para deshacerse de los cuerpos guillotinados.

Larraquy establece una división entre cuerpo y cabeza que funciona a nivel literal y metafórico. La cabeza (la dimensión racional del ser humano) cree que puede hallar algo trascendental cortando cabezas. Lo gracioso es que la literalidad de la cabeza cortada (el hecho físico) acaba guillotinando metafóricamente las cabezas de los investigadores (destruyendo sus pesquisas racionales) y subrayando el absurdo de las mismas.

2ª parte:
Se sitúa en una época posterior y se cen
tra en un artista, niño prodigio, que usa la comemadre para una instalación en la que un individuo deja que su pierna sea devorada por las larvas. He de decir que esta parte es menos cautivadora que la primera, aunque no está mal.

Además de por la comemadre, esta parte se conecta con la primera a través de la mención de un bebé de dos cabezas (la novela tiene dos cabezas claramente diferenciadas). Al final habla la cabeza independiente, que tiene vida propia aparte del cuerpo, y dice que le gustaría matar a la otra cabeza y al cuerpo "para percibir el mundo exclusivamente desde mí".

Observaciones indefinidas:
- Podríamos afirmar que en ambas partes se sacrifica una parte del cuerpo para fines científicos o artísticos. En el primer caso, el problema es que si te quitan la cabeza pierdes la vida.

- El autor nos viene a decir que la razón tiene poco que ver con el cuerpo. La percepción exclusiva desde la cabeza, desde la razón, nunca va a dar una visión íntegra o veraz de la experiencia.

- El ser humano se aniquila a sí mismo para prosperar.

7 de julio de 2024

Chenchén

Submarino en la noche
de Chen Chuncheng.

Lector y autor chocan las copas y no se produce ningún sonido. 
Brindis fallido. 
No hay magia. 
El hechizo no cristaliza.

Primer relato:
Chuncheng pinta un mundo de fantasía que tiene cierto encanto, pero el texto acaba siendo sorprendentemente plano. La prosa es correcta, pero muy mecánica y el autor apenas demuestra ingenio o perspicacia.

Segundo relato:
Soporífero. Falta expresividad en todos los aspectos. Prosa funcional, protocolaria, salida de una fábrica.

Tercer relato:
A un escritor le dan un boli mágico que escribe obras maestras, pero que nadie puede leer, sólo el que las escribe. La idea es sugerente, pero el desarrollo es flojo (tónica general del libro).

Cuarto relato:
El podador de nubes. Aquí es donde abandono el libro. Todo es muy mecánico y estático (en el relato y en el conjunto). Faltan incidentes, reflexiones, observaciones ingeniosas... faltan muchas cosas.

4 de julio de 2024

Sin coordenadas

X ha muerto
de Alaine Agirre.

X muere y ha muerto y va muriendo, sobre la marcha, y sólo nos quedan Y y Z para medir el espacio, y así sería si el texto fuera tridimensional y hubiera algo que medir, pero no hay nada, absolutamente nada, incluso la narradora en cierto momento dice "he querido escribir sin pensar demasiado [...] vomitando las palabras", y ahí sí que da en el clavo sin saberlo, resumiendo a la perfección la novela, lo malo es que acabo la lectura con salpicaduras en la ropa.

1 de julio de 2024

Malabaristas del espéculo

El meteorito
de Karel Čapek.

Un poeta y un vidente están en cama en un hospital y llega "el meteorito", un hombre que se ha estrellado con un avión y se ha quedado en coma. El tono desenfadado funciona bien en los primeros capítulos y la prosa de Čapek está conseguida. Una lástima que todo esto se eche a perder una vez superada la mitad de la novela. Sigo con spoilers...

El quid de la cuestión es que cada uno de los personajes se va montando su película sobre este hombre del que no saben nada. Una hermana de la caridad le ve en sueños, habla con él y este le confiesa una serie de cosas y reflexiona sobre la vida y la muerte. Un vidente adivina cosas sobre él y expone sus teorías. Aquí el texto se vuelve excesivamente abstracto y conjetural (a esas partes les sobra extensión).

El problema principal es que el lector es consciente en todo momento de que se trata de especulaciones sobre el hombre y que no hay ningún tipo de veracidad en ello. La forma de exponer todo esto tampoco es atractiva, ya que entra en arenas movedizas filosóficas tan inestables como abrumadoras. La sensación general es que 
Čapek, en lugar de darnos una ficción sólida, nos está dando un simulacro.

En la página 151 algo choca contra mi cabeza y automáticamente dejo de leer. Me sobrepasa que haya tantas páginas dedicadas a la divagación filosófica superflua y a echar quinielas sobre el hombre misterioso. La historia pierde ritmo y todo empieza a hacerse tremendamente aburrido.

Tras la muerte del hombre, el relato que sigue, el del poeta, se convierte en pura ficción (ficción dentro de ficción), ya que se inventa la vida del tipo. Esto no aporta mucho, pues el lector es consciente de que todas las ocurrencias post mortem no tienen veracidad, se trata de inventar una historia porque sí, y la irrelevancia a efectos narrativos es máxima.

Por mucho que Čapek nos quiera hablar de la falibilidad de la memoria, de la naturaleza ficcional de los recuerdos, de la imposibilidad de reconstruir la vida de un hombre a base de brochazos memorísticos o de la importancia de la ficción en la remembranza, el autor no logra que el lector saboree todo lo que propone.