Mis días en la librería Morisaki de Satoshi Yagisawa.
Montas una librería y te crecen los pasteles, eso es lo que vende este libro y su librería llena de frases hechas que llegan como un jarro de agua fría para el que espera un mínimo de calidad.
Para avanzar entre sus páginas sudé la gota gorda y eso que, gracias a su breve extensión, el final está a tiro de piedra. Cuando acabé el libro me juré a mí mismo que el tal Yagisawa me las iba a pagar por haberme hecho perder el tiempo, sobre todo en esa segunda mitad llena de palabras inertes.
Hay alguna sorpresa que otra, como por ejemplo que estemos en una librería especializada en autores modernos, pero la protagonista sólo vea libros "viejos y estropeados". Más inverosímil que una lluvia de ranas.
Bueno, antes de despedirme, os dejo con algunas frases que me parecieron inigualables:
- "Yo era demasiado alta, demasiado insignificante".
- "Un chico alto y un poco larguirucho".
- "Quién sabe por qué las ciudades que están de fiesta transmiten tanto entusiasmo a todo aquel que las visita".
- "Lo importante es sentir emociones al toparse con un libro".
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