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1 de enero de 2026

J. Mounts

Intento de escapada
de Miguel Ángel Hernández.

Novela entretenida y bien narrada que pese a la torpeza y artificialidad de algunos tramos sale airosa por su capacidad para hacernos reflexionar sobre los límites del arte y el conflicto entre arte y vida. Los personajes que rodean al protagonista podrían estar un poco mejor desarrollados y Jacobo Montes seguramente daba para más, pero esto es lo que hay y funciona.

Apuntes varios:

- El arte "es una forma de saber mirar. Es lo único que importa. El resto sobra. El resto no es más que el resto. Lo que se haga después es una manera de decir a los demás lo que hemos visto, no lo que vayamos a decir. El arte es una manera de decir. Pero sobre todo es una manera de mirar".

- "Toda obra es una conclusión frustrada. El resultado es lo de menos. Lo importante es la experiencia. El proceso, pensar, hacer, sentir, ver... todo eso es la obra. Y al final queda una huella. Y eso es lo que los demás ven. Pero eso es lo que menos importa. Lo único importante es lo que tú has visto, lo que has sentido, lo que has experimentado".

Te hace reflexionar sobre los límites del arte y dónde el arte empieza a ser vida pero de una manera inmoral, aprovechándose de la miseria de los demás. ¿Hasta dónde puede llegar el arte? ¿Hay que legitimarlo todo? ¿Se puede usar el sufrimiento ajeno? El libro a su vez intenta traspasar la frontera entre realidad y ficción.

- Interesante cómo el protagonista se preocupa más de la muerte de Omar (arte) que de la del padre de su amiga (real).

12 de noviembre de 2025

Un texto luctuoso

El dolor de los demás
de Miguel Ángel Hernández.

Su mejor amigo mató a su hermana y se tiró por un barranco. Quiere contar la historia. Ocurrió en la huerta murciana, al este de la capital. Años 90.

Prosa competente, precisa, marchando al grano.

Texto autobiográfico bien escrito, personal y honesto. No recarga los toques emotivos y el sentido del lugar está conseguido.

Observaciones con algunos spoilers:

Hernández menciona que la idea que hay detrás del libro probablemente sea esta: "la imposibilidad de cambiar nuestro punto de vista sobre las cosas, o la toma de conciencia de que hay emociones que es difícil sustituir por otras". Él seguirá viendo a Nicolás como su amigo, aunque matara a su hermana y se suicidara.

Se cuestiona si es ético usar la tragedia para fines literarios. "Había convertido la desgracia ajena en un objeto fácil de manipular".

Duda de si el objetivo real de su viaje es la tragedia de Nicolás o si realmente lo que quería era indagar en su yo del pasado. Revisa lo escrito y lo único que le parece auténtico son sus conversaciones con la gente de la huerta. La investigación del crimen le parece una performance banal.

Es como una obra de Carrère pero diluida, con menos impacto, acertada, pero menos certera.

Interesante cuando se da cuenta de que Rosi es un personaje secundario de su historia y decide darle algo de protagonismo para ser justo con ella.

La pregunta clave no es por qué Nicolás mató a Rosi, sino: "¿podemos recordar con cariño a quien ha cometido el peor de los crímenes? ¿Es legítimo hacerlo después de haber comprendido la parte del otro? ¿Podemos amar sin perdonar? ¿Es posible llevar flores a la tumba de un asesino?". Hay una zona de sombra.

Al final el autor aprende que no importa lo que ocurriese. El objetivo de este libro no era tan artístico como existencial. Un reencuentro con el pasado que aunque no disipe del todo la niebla, deja pasar algo de luz.

Hernández no quiere escribir literatura, sino vida. Las palabras intentan estar vivas, lejos de las estructuras y los artificios de la literatura.

Buen trabajo.