6 de noviembre de 2026

Rehenes del mar

El libro de la desaparición
de Ibtisam Azem.

Novela que alterna entre una narración en primera persona que
 corresponde a los recuerdos de un hombre palestino y otra en tercera que describe la situación presente y se centra en un periodista israelí. El hombre pertenece a una familia palestina que se quedó en Jaffa pese a la Nakba (1948) y habla de su abuela, de la Nakba, de la opresión judía (cómo a Jaffa le impusieron el nombre de Tel Aviv), etc.

Y como entré al libro sin saber nada de él, cuando fui totalmente consciente de la idea que estaba planteando, esta me golpeó de imprevisto y se me puso la piel de gallina. Pocos libros han tenido este efecto en mí de manera tan sorpresiva. Otra cosa es el desarrollo...

La novela tiene una idea muy potente, pero un desarrollo flojo que cae en la reiteración e invita a la reflexión mucho menos de lo que debería. Los personajes tampoco son demasiado atractivos.

Sí que funciona bien como carta de amor a Jaffa, como reflejo de la percepción distorsionada que tienen muchos judíos (alguno dice que los invasores son los palestinos) y como muestra de que el dolor y el daño van pasando de una generación a otra, ya que la aniquilación de la cultura palestina es un proceso que sigue en marcha.

Una novela que recomiendo con reservas, pues tiene sus virtudes, a pesar de no desarrollar bien una premisa tremendamente prometedora.

Sigo con spoilers...

- La idea: todos los árabes que viven en las tierras ocupadas por Israel desaparecen de repente. Esto genera una gran confusión. Ante la desaparición, unos reaccionan con miedo de que estén preparando un ataque y otros con confianza, pues se han librado de los palestinos.

- La espinita: Azem podría haberse enfocado más en cómo la desaparición de los palestinos habría afectado a la sociedad israelí a nivel práctico, dado que los palestinos son utilizados como mano de obra barata e incluso tienen un rol de consumidores de sus productos.

- El sentimiento: la abuela le dijo que quedarse en Palestina después de la Nakba era quedarse huérfano (idea que se repite). El palestino se siente huérfano conviviendo entre judíos en un país que no siente como suyo.

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