Piranesi de Susanna Clarke.
En la casa, en el vestíbulo nueve de la sala noroeste, encontré una estatua de una mujer escribiendo en un cuaderno. Antes de que la marea hiciera gárgaras con mis genitales vi que la estatua tenía la cabeza llena de pájaros, literal y metafóricamente. Esa congregación de pájaros salió volando hacia otra estatua en el vestíbulo cinco de la sala suroeste, una estatua de un hombre leyendo un libro sobre una famosa figura italiana conocida por sus prisiones imaginarias de naturaleza laberíntica. Más adelante descubrí que ese libro que leía la estatua era una novela que funcionaba como prisión imaginaria de columnas, pilastres, nichos, ábsides, frontones, etc., y demostraba que se puede escribir sin alma, con una prosa torpe que incluya descripciones insípidas, personajes aburridos y diálogos artificiales y hacerte un nombre en la casa. La clave para triunfar en la casa es plantear un misterio de cualquier manera y que el lector se deje llevar por la simple búsqueda de gratificación que ofrece la resolución del misterio. Y ya ni me enfado.
Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo
Hace 4 días

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