El palacio infinito de Shintaro Kago.
Un palacio se ramifica de acuerdo a las dos posibilidades posibles, que venza Nobunaga o que venza Mitsuhide, se ramifican hacia el cielo como dos torres, y esta reseña a su vez se presta a ramificarse, los palacios se duplican y se duplican las personas, hay una en cada mundo y ni la una ni la otra pueden cruzar al otro mundo, y aunque parece una premisa interesante, la historia se convierte en una excusa para presentar violencia explícita y sexo explícito, una y otra vez, dos veces, culos y tetas y penes y tripas al descubierto, tanta ramificación hace que el autor se permita muchas viñetas en las que se repite el mismo texto con la consiguiente sensación de reiteración plomiza, reiteración plomiza, y tanta carne y sangre y malabarismos espaciales, aunque la historia puede funcionar como artefacto estético, sobre todo en ese gesto final en el que las páginas imitan el movimiento de las dos ramificaciones, todo parece un ejercicio de provocación e ideas alocadas y culos y tetas, un ejercicio provocativo de culos y tetas y penes y tripas e ideas alocadas.
11 de julio de 2026
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