Los idólatras y todos los que aman de Adriana Murad Konings.
Se muere el gato de la casera y el perro de la inquilina que vive al lado utiliza el cadáver de muñeco. Más o menos así. Y esto, en lugar de desencadenar una serie de incidentes emocionantes y peliagudos, desemboca en una monotonía gatuna (primer entierro, el duelo, segundo entierro, el duelo, pobre gato, la culpa, etc.) de difícil digestión. La rudimentariedad de la prosa y la insulsez de los personajes ayudan poco a una historia que se estanca a las 80 páginas e invita al abandono con avidez felina.
Anna Starobinets: El vado de los zorros
Hace 1 día

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