Lo leí íntegramente en tres trayectos de metro. Es un ensayo poco revelador, aunque uno puede perderse con gusto en las palabras de Bértolo, sobre todo si a estas alturas ya te han rechazado algún manuscrito (si es que lo han leído antes de rechazarlo).
Algunos apuntes del metro:
- Todo el mundo puede publicar fácilmente en digital, pero "publicar en edición tradicional sigue siendo lo que todo escritor desea: el prestigio sigue ahí".
- Separa en dos tipos de editoriales: "aquellas en las que el peso de lo económico es proporcionalmente mayor que el de lo cultural o literario, y esas en las que sucede lo contrario".
- Los editores trabajan con tres categorías de público:
Hegemónico: concentra la venta mayoritaria, se orienta por el gusto dominante, que suele coincidir con el tipo de literatura más confortable y convencional, facilita la autoproyección del lector, lenguaje amable, trabaja más con suspense (qué va a pasar) que con intriga (qué está pasando).
Residual: busca algo que ya ha leído con anterioridad y se centra en autores ya consolidados.
Emergente: busca algo novedoso, público al que la inquietud y la exigencia le confiere un aire de vanguardia y que otorga a sus lectores una identidad "superior", es decir, distinción y distancia frente al lector común.
- Separa en dos tipos de editoriales: "aquellas en las que el peso de lo económico es proporcionalmente mayor que el de lo cultural o literario, y esas en las que sucede lo contrario".
- Los editores trabajan con tres categorías de público:
Hegemónico: concentra la venta mayoritaria, se orienta por el gusto dominante, que suele coincidir con el tipo de literatura más confortable y convencional, facilita la autoproyección del lector, lenguaje amable, trabaja más con suspense (qué va a pasar) que con intriga (qué está pasando).
Residual: busca algo que ya ha leído con anterioridad y se centra en autores ya consolidados.
Emergente: busca algo novedoso, público al que la inquietud y la exigencia le confiere un aire de vanguardia y que otorga a sus lectores una identidad "superior", es decir, distinción y distancia frente al lector común.
- La anécdota de Doris Lessing me resultó interesante: envió un manuscrito bajo seudónimo y se lo rechazaron, demostrando así que los editores se suelen basar en el nombre del autor y no en la calidad de la obra.

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