Antes de que se enfríe el café de Toshikazu Kawaguchi.
En un café viajas en el tiempo tomándote un café, sentándote en el asiento adecuado, pero no olvides las reglas. Y a las 30 páginas me resulta tan repetitivo que me meo encima de tanto café, varias tazas, vine a por té y me dieron varias tazas de café y sin pastas para empujar. El autor saca su bandeja y me ofrece varias tazas de café sin pastas de una manera tan frontal y directa que todo me resulta sumamente artificial y la prosa tampoco hace méritos para evitar el descalabro. Todo es tan obvio y está tan masticado que salta a la vista que el autor sólo quiere satisfacer al lector sin incomodarle, lo cual me incomoda como lector y como bebedor de té al que han suministrado un exceso de café sin pastas.
Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo
Hace 4 días

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