10 de junio de 2026

Tocando lo invisible

Espanto
de Laura Pérez.

La calidad del apartado visual es incontestable, sin embargo, sus dibujos exquisitos y su atmósfera oscuramente embriagadora no impiden que flaquee a nivel narrativo, algo parecido a lo que me sucedió con Nocturnos (aquí).

Quizá sea culpa de mis expectativas, mis ganas de recibir estímulos intelectuales o de sentir algo con un mínimo de intensidad, pero creo que la obra es tan etérea y flotante que más allá de la atmósfera que genera, apenas impacta.

Metiéndome donde no me llaman: desconozco qué pulsión interna empuja a Pérez a adentrarse en cuestiones narrativas cuando su obra puede funcionar perfectamente sin ellas. ¿Quiere crear una especie de atmósfera dinámica, en movimiento, y la vaporosidad de la narración sirve precisamente para eso?

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