En el prólogo el autor afirma que el biógrafo tiene que fijarse en los aspectos únicos de las personas y no debe limitarse a poner el foco en figuras conocidas, ya que la vida de un pobre tiene el mismo valor que la de Shakespeare.
Y sí, el prólogo, que funciona como una especie de marco teórico, resulta mucho más sugerente que las diferentes minibiografías que le suceden.
Empédocles, supuesto dios.
Eróstrato, incendiario.
Crates, cínico.
Lucrecio, poeta.
Etc, etcétera.
En su época (1896) probablemente fuese una propuesta innovadora, pero a día de hoy no llega nada del fuego y sí mucho humo.
La cuestión sobre si lo escrito es inventado o no, en 2026, está más que superada y es altamente irrelevante si no viene acompañada de un ángulo fresco. No he disfrutado el proceso de lectura ni el texto me ha aportado nada a nivel intelectual ni emocional.
Me temo que el planeta ha girado demasiado rápido para este libro.

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