Cómic que me sorprendió gratamente por lo que consigue con poco texto y una estética relativamente incómoda y disonante.
Las ilustraciones a base de rayones casi violentos, con composiciones que formulan una especie de expresionismo abstracto dislocado y tenebroso, crean una atmósfera turbia que, por un lado, representa bien ese mundo distópico desagradable y, por otro, refleja el malestar interno de la protagonista.
La idea de que los títulos de los capítulos hagan referencia a medicamentos (omeprazol, lorazepam...) añade una capa extra de insalubridad. Hay que añadir que algunos se asocian a Oz y otros a Kansas (Mago de Oz), en un intento de separar fantasía y realidad, aunque queda patente que cuando nuestra percepción se nutre de la oscuridad y el pesimismo, no hay demasiada diferencia entre ambas.
Una de las pocas pegas que se le puede poner a Sumozas es que hay cierta dispersión narrativa, pero esto no empaña su capacidad para transmitir la soledad y la tristeza de la protagonista, que en el fondo es lo más valioso de la obra.

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