16 de junio de 2026

Ajenidad XLL

Los dos Luises
de Luis Magrinyà.

Comienza con un 
prólogo que funciona bien como ensayo sobre el trabajo y la percepción que tiene la sociedad sobre los ociosos, lanzando algún dardo a los inútiles.

Entonces, de repente, el padre del protagonista le dice que a sus 28 años tiene que ponerse a trabajar y desde ahí la novela se va hundiendo poco a poco, hasta que a las 80 páginas se ahoga en su propia baba.

Mucho narrador describiendo y arrojando ideas y pocas situaciones significativas y poca vida en los personajes. El estilo narrativo tiende a relamerse sus propios jugos y aunque esto puede resultar elegante en ciertos momentos, no aporta demasiada fluidez. 

Lo más grave es que la historia no tiene ningún impulso y carece de un tono o de una voz que ofrezcan algo de textura a una narración que pese a los esfuerzos estilísticos de Magrinyà se mantiene plana y monótona.

Anotaciones del prólogo (que es de lo poco que merece la pena):

Se valora al que trabaja y se desprecia al ocioso.

El trabajo se legitima "no en función de lo que es sino de lo que demuestra". El premio justifica la productividad del sufrimiento. El premio explica el trabajo.

El que tiene talento tiene que producir.

¿Qué hay del que trabaja pero es un inútil? El ocioso puede tener más virtudes.

"Parece que la sociedad ha solventado el problema de los inútiles no sólo ganándolos para la causa del trabajo sino situándolos con honores en lugares de importancia".

"La conquista definitiva del inútil ha consistido en que las cosas bien hechas hayan llegado a no tener más valor que las mal hechas".

Contrapone "trabajar" y "hacer". Trabajar viene de tripalium e implica tortura y sufrimiento.

La cita: "La idea de sufrir es mucho más útil y productiva que la idea de hacer a la hora de crear toda una cultura. Lo de hacer da la impresión es como si, a pesar de ser algo característico del género humano, estuviera envuelto en una niebla de misterio y de peligro, una niebla de la que no fuera posible salir con total seguridad, o con cierta seguridad, al menos, de encontrar algo 'bueno' al otro lado: en vista quizás de que lo primero que hicieron nuestros primeros padres fue pecar. En cambio, al otro lado del sufrir parece extenderse una tierra bastante segura, una perspectiva clara, con dos únicos límites, ambos perfectamente acotados: la muerte y el perdón".

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