Un hombre melancólico, taciturno e inadaptado que no rechaza una copa se deja llevar por las corrientes de la vida hasta que conoce a una joven. La historia se despliega con una prosa equilibrada y algunas expresiones sublimes. Todo se desarrolla de manera natural y genuina. La relación tiene aspectos complejos y se agradece, ya que no suele ser lo habitual. Calligarich no necesita recurrir a lugares comunes ni sentimentalismos para lograr una novela sutil, evocadora, entretenida y emotiva.
Dos apuntes:
- "Abrí un libro tratando de abandonarme a esa embaucadora voz interior con la que leemos. Que es diferente para cada uno de nosotros si las almas son diferentes, e idéntica si son idénticas, pero en cualquier caso perfecta, sin disonancias, la voz no ejercitada que, tal vez, tenemos antes de venir al mundo gritando".
- El autor establece una relación poética entre la historia, los personajes y el fluir del agua. Esa relación se ve sublimada por la conexión que hay entre la frase de Eliot: "el río está dentro de nosotros, el mar a nuestro alrededor" y una de las frases que aparece al final del libro: "todo tiende al mar". Quizá sea otra manera de decir que el amor es lo más importante y que todos los caminos llevan a Roma.

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