21 de enero de 2026

Luna, valle, rocío, muerte

Ha llegado Isaías
de László Krasznahorkai.

Texto embriagador y bien escrito que incluso después de dos lecturas se resiste a revelar todos sus secretos. Aparte de su mensaje sobre la pérdida de la espiritualidad, diría que lo más valioso de esta obra es que 
Krasznahorkai escribe sobre fuerzas misteriosas (no elementos claramente tangibles) logrando que el relato resulte magnético y tenga peso, algo que me parece bastante difícil de hacer.

Comparto mis erráticas anotaciones (con interpretación al final) para generar un dibujo susurrado en el cielo, al lado de las nubes y del dios que ha muerto:

Korin entra a un bar y llama ángel a un tipo que está en la barra. Y sugiere que es un "notario de asuntos celestiales y terrenales". ¿Es un sacerdote?

"Ellos arruinaban cuanto tocaban, y no dejaron nada sin tocar: hasta la victoria total, conseguir y arruinar, arruinar y conseguir [...] así transcurrió la cosa durante siglos y siglos".

"Para el triunfo completo y definitivo había que lograr, lógicamente, que el rival, esto es, todo lo noble, excelso y magnífico, de entrada no presentara batalla por motivos internos, no participara en la lucha que provocaría su mera presencia empeñada en buscar un universo humano más equilibrado, para lo cual convenía que no hubiera ningún tipo de lucha, sólo la repentina desaparición de uno de los contrincantes".

Cómo ha podido suceder que los "que vencieron dando zarpazos a traición dominen la Tierra".

A estos "todo les pertenece [...] porque de ellos es ya el cielo, así como todos los sueños, de ellos es el instante en el silencio de la naturaleza y de ellos también, como suele decirse, la inmortalidad, la forma más común y vulgar de la inmortalidad, por supuesto".

Han jugado con las medidas y las proporciones para mantener su omnipotencia.

Para vencer "no se trataba de aniquilar o de desterrar el bien y lo sublime [...] sino de apoderarse de ello y, de esta forma, deshonrarlo", vaciar su contenido. "Transformaron el bien y lo sublime hasta tal punto que hoy por hoy no existe nada más repugnante que el bien y lo sublime".

Korin no tiene la respuesta a la pregunta "por qué se extinguió la nobleza en el mundo".

Menciona que "una bala no penetraba en la sombra" (luego Korin se dispara una bala) y que 
"la sombra del ser humano no formaba parte de la estructura indescriptiblemente densa de la historia, que, en apariencia, abarcaba el mundo entero".

La poesía, al intentar nombrar y describir la sombra, le da sentido a la sombra.

La razón se apoderó de todo y dejó un mundo desollado: "la tormenta desencadenada por la razón barrió todo aquello en que hasta entonces se había basado el mundo, simplemente echó abajo los fundamentos de éste, dando a entender, concretamente, que aquellos fundamentos no existían y añadiendo, más exactamente, que dichos fundamentos no habían existido jamás ni resucitarían nunca de su no existencia allá en el futuro esperado en vano".

"Tuvo que comprender y aceptar, sobre todo, que no existían ni dios ni dioses". Y si no existían los dioses, tampoco el bien y lo sublime.

La pérdida del bien y lo sublime no supone que son sustituidas por el mal y lo inferior, "se trataba de que, en el futuro, faltaban tanto el mal como el bien" (¿más allá del bien y del mal, Nietzsche, Dios ha muerto, nihilismo?).

Korin afirma que después de esto se perdió la magia de la vida y "se esfumó también sin dejar rastro el saber simple y fascinante de la trascendencia".

El dolor de Korin surge "de la conciencia casi inconcebible de que habían desaparecido asimismo las propias mañanas y las noches, se habían extinguido las historias y las miradas, las malas mañanas y las malas noches, las malas historias y las malas miradas, pues ocurrió que, al tiempo que el bien arrastraba consigo el mal, un día el hombre descubrió de pronto, al despertar o al acostarse, que no tenía sentido ya distinguir entre despertar y acostarse, entre mañana y mañana y entre noche y noche, pues esa diferencia se esfumó de repente [...] sólo quedaban una mañana y una noche en general".

"La magia, el estremecimiento y la eternidad" habían dejado de existir.

"Ya no tenía ni mañanas ni noches, ni historia, ni mirada, no le importaba dónde estaba, de modo que, de hecho, no estaba en ninguna parte".

Korin maldecía "el mundo en que no existían ni el Todopoderoso ni el Juicio final [...] también la luz que, al iluminar, mostraba, que manifestaba que sólo existía un mundo y nada fuera de este mundo", así como "al ser humano que disfrutaba del reino de este mundo y de este mecanismo, por hundir y falsear la esencia de nuestras cosas y por convertir la falsa esencia en su ley más profunda".

Korin dice que se va a pegar cinco tiros, mano izquierda, pie izquierdo, pie derecho, mano derecha... como una crucifixión moderna con balas.

Se pega el tiro en la mano izquierda y se queda inconsciente y el tipo que estaba recibiendo la charla de Korin (el supuesto sacerdote) se va. El dueño del bar sale y como no ve a nadie, se queja de que ese tipo se ha hecho pasar por sacerdote de Jerusalén y se ha ido sin pagar después de comer y beber todo el día.

Por un lado, advertimos que al dueño del bar sólo le preocupa lo terrenal (el dinero) y que el sacerdote se ha ido porque se ha dado cuenta de que su rol ya no tiene sentido en este mundo.

Por otro lado, Korin ha sido incapaz de imitar la crucifixión de Jesucristo con las balas por lo que se puede entender que es un falso profeta o, en su defecto, que en un mundo sin espiritualidad ya no puede haber profetas (al igual que tampoco sacerdotes).

Y asoma una última cuestión interesante: ¿Puede el propio Krasznahorkai con su literatura ser un profeta en un mundo sin espiritualidad que ya no escucha a los profetas? ¿Un profeta que profetiza que ya no puede haber profetas?

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