Fruta podrida de Lina Meruane.
Me gustó su libro sobre Palestina (aquí). Vengo a por otra dosis.
Entro y veo a dos hermanas. Una enferma. La otra trabaja en el mundo de la fruta.
El estilo tiene potencia, pero la historia carece de amplitud. Siento que estoy recorriendo los mismos espacios cerrados todo el tiempo.
No hay sentido del lugar. Genera una especie de claustrofobia que aunque sea voluntaria, no beneficia para nada al texto.
Aparto las moscas a las 82 páginas y me despido, no sin antes hacer una reverencia con las manos para mostrar mi respeto.
Bernhard Schlink: El regreso
Hace 3 horas
