Alimentar a los fantasmas de Tessa Hulls.
Abuela, madre e hija y el dolor arrastrado durante generaciones. Persecución política, enfermedad, locura, exilio... y Tessa no sabe quién es.
Cito: mi madre "no me educó para que me viese a mí misma como medio china, medio estadounidense. Me educó para que no me sintiese ninguna de las dos cosas".
Sintiéndolo mucho, a pesar de que las cuestiones sobre la identidad me interesan, no aguanté más de 100 páginas.
Los dibujos me parecen sugerentes, sobre todo por el uso que hace la autora del contraste entre el blanco y el negro y por el diseño de las composiciones amplias que casi ocupan toda la página.
Por desgracia, la historia no tiene ritmo porque sobra información (sobra texto) por todas partes y se vuelve ligeramente reiterativa. Además, el enfoque de Hulls es tan personal, tan angosto, tan limitado a lo particular, que si no tienes ningún punto de contacto con el relato te va a costar disfrutarlo.
Clarice Lispector: Lazos de familia
Hace 40 minutos

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