El metro de platino iridiado de Álvaro Pombo.
Con ese título pocas cosas pueden salir mal. O mejor dicho: pocas cosas pueden ser peor que ese título. Sin embargo, el texto enseguida se revela como un polvorón rancio que uno intenta masticar y mover por la boca buscando el sabor menos malo, confiando en la posibilidad de que exista alguna superficie placentera, pero el polvorón no hace concesiones y se revuelve en el paladar una y otra vez con el fin de que no te pierdas ni un solo matiz de su ranciedad. Y lo consigue, y a las 30 páginas estás pidiendo clemencia y clementinas para quitarte ese sabor tan desagradable de la boca.
Sorprende que la novela sea de 1990 (por forma y contenido parece de los años 50/60). Altas cotas de insipidez, con un deje marujil muy marcado y personajes mal construidos (recibimos información a través de descripciones y diálogos que hablan de ellos y no de actos o detalles sutiles). Dudo mucho que haya lectores relativamente jóvenes (¿menores de 50?) que conecten con esto.
*Llegué aquí porque hace poco le dieron el Premio Cervantes. Tendré que probar suerte con otra novela.
Soledad en el Paraíso. Sueños de trenes, Denis Johnson
Hace 17 horas

No hay comentarios:
Publicar un comentario