El joven Nathaniel Hathorne de Víctor Sabaté.
Espérate... que empecé a leer y creía que estaba leyendo el
prólogo, y yo pensando "tranquilo, aguanta, que lo mismo el tío se ha puesto
nervioso al hacer el prólogo de su propio libro y por eso está mal escrito,
seguro que luego mejora", pero no, desafortunadamente, eso ya era el libro. Escribe mal, la prosa es nefasta, no hay ritmo. Se percibe que ha hecho un gran
esfuerzo mental para ordenar las palabras, por eso todo parece tan cuadriculado,
falta frescor. Luego escribe frases como "miraba a lado y lado de los pasillos", "me incitó a vencer mi timidez", etc. También repite palabras en poco espacio (ocurre varias veces). He aquí un ejemplo de cuadriculez y repetición: "Estoy
seguro de que no creeréis mi historia, y quizá sospechéis que ni siquiera yo
debo de creer en ella. Sois, por supuesto, libres de hacerlo. También yo he
pensado que lo que me ha sucedido, este plagio inverosímil del que creo haber
sido víctima, es algo imposible". Luego están los toques metaliterarios,
nombrando a 427 escritores, y el jueguito típico de realidad-ficción, "te miento-no te miento", ambos recursos muy de moda entre escritores que no tienen nada que decir. El autor peca de vivir en la
literatura y de no tener experiencias vitales verdaderas, mucho conocimiento
literario y poca gafa empañada por emociones fuertes. Y en el texto añade: "lo
cierto es que cuando se escribe una novela siempre se está corriendo al borde
del abismo, y la habilidad del escritor consiste en acercarse a él tanto como
sea posible, sin precipitarse". Vamos a ver, ¡animal!, si unas líneas antes tu
personaje dice que tarda ocho meses en escribir el primer capítulo de su primera
novela, ¿cómo va a venir después a dar clases de escritura? (por no mencionar
la filosofía barata que desprende). Todavía hay más: te cuenta ochenta veces
que cierra el ordenador y organiza sus apuntes, pero luego el personaje conoce
a una chica (posibilidad para refrescar el desarrollo) y en vez de profundizar
y amenizar la velada, enuncia lo que hacen. Sigo sumando: maneja mal el punto y
coma; y tiene tendencia a escribir frases demasiado largas. No suelo entrar en temas extraliterarios, pero esta vez voy a hacer una excepción: una persona que incluye en su página
web 13 biografías de sí mismo y que en su propio libro reconoce sus ansias por
ser escritor, e incluso se menciona a sí mismo dentro del texto (el tal
Ireland), tiene que tener un ego catedralicio. Aquí tenemos otro caso de autor que escribe
porque quiere ser escritor (éxito social, fama, dinero), y como viene siendo
habitual, el resultado es lamentable.