16 de abril de 2014

Caminando el camino

El sendero del Tao de Osho.

Muy correcto. En su punto y con guarnición provechosa. Presenta el dibujo a través del análisis de diferentes parábolas. Algo repetitivo quizás, aunque el propio autor se excusa en el texto. Sobre todo merece la pena cómo analiza las palabras de Confucio y las colorea negativamente (el confucianismo cree en la dualidad, las leyes, la moralidad, etc.). Ilumina donde más de uno (aquí presente) no puede evitar el tropezón.

Patata

Taoísmo de Eva Wong.

Mucha historia y mucha corrección formal para no ahondar en la naturaleza verdadera del Tao. Dice cosas que están muy alejadas de lo esencial. No sirve.

12 de abril de 2014

Más soso que salao

El mar de John Banville.

Lo desechas tras leer 40 páginas y te quedas tan a gustito. El resumen bien podría ser un refrán o un haiku: la obsesión de John por la descripción. Está preocupadísimo por resultar veraz al lector y se dedica a describirlo todo con precisión para que la realidad entre bien. Me hizo recordar aquellos tiempos en los que mi madre me metía supositorios por el culo cuando estaba enfermito: una realidad que tenías que soportar para curarte. Apruebo los supositorios, pero aguantar el estilo y la prosa de este hombre es algo sobrehumano, sólo los más enfermos podrán soportar la receta del doctor Banville.

10 de abril de 2014

Tengo una devil-idad

El diablo a todas horas de Donald Ray Pollock.

Prosa bien, efectiva, hay escritor. Desarrollo fragmentado, con bastantes elipsis. Como libro de entretenimiento me parece sobresaliente, fluye bien, está bien escrito, tiene lado oscuro, pasan cosas. Como arte literario... faltan recursos en la prosa y falta contenido ante el que arrodillarse. Creo que principalmente critica la religión y muestra que las cosas no son blancas o negras. Coordenadas: violencia, fanatismo, corrupción, perversión, adulterio... Hay ligeras desviaciones hacia el cliché, como el sheriff corrupto, el cura degenerado, los momentos en los que un personaje rescata recuerdos para acabar diciendo algo así como "ese fue el día más feliz de mi vida", las situaciones en las que unos hombres tachan de blandengue a otro para buscar pelea, etc. Se le puede achacar cierto efectismo, ya que hay muchas escenas de violencia y degeneración sin el respaldo de un propósito mayor o un significado más profundo. La trama está bien tejida, los personajes bien desarrollados, todo resulta verosímil, todo funciona. Me atrevería a decir que toda la literatura que busca entretener debería aspirar a ser así, evitando caer en la superficialidad y la simpleza sin necesidad de añadir complejidad o mostrar una prosa excesivamente elaborada.

7 de abril de 2014

1% literatura desgrasada en polvo

Nocilla Experience de Agustín Fernández Mallo.

Todo esto va de que el lector tiene que conectar la información, no hay horizonte, no hay fronteras, sólido-líquido-gas, fermión vs bosón, azar y complejidad... Ideas hay, prosa no. Podríamos resumirla con esta frase: "el humo de la taza le enmascaraba la cara", incluso con esta: "entendió que era ésa una perfecta vía posible", entre otras. Bien... y uno se pregunta cómo es posible que esto salga a la luz. Bien... Agustín tiene muchas ideas y quiere meterlas todas en el mismo libro sin saber escribir, mal asunto. A veces comparte ideas que son estúpidas para que el lector aplauda lo ingenioso que es. También se dedica a coger cosas de otros autores (muy original, nadie lo había hecho antes, así de primeras se me ocurre William Burroughs, año 1961). Bien... Hay errores de bulto a mansalva, como alguno de concordancia de géneros, un "petril" en vez de "pretil" (ésa es gorda), uno que juega a un videojuego y "es vencido por la tele", trozos que no se entienden, etc. Este libro es de chiste, no se puede reunir tanta pretenciosidad y tan poca calidad literaria en las mismas hojas. La prosa es robótica, pero el autor habla de "transpoética". Incluye fórmulas físicas para defender que el libro se convierte en un artefacto científico. Habla de bolas y de Rayuelas. Tonterías tipo "la información ni se crea ni se destruye, sólo se transforma". En fin... Un conglomerado de ideas que no llevan a ninguna parte y que a falta de habilidad para articular un desarrollo literario, caen sobre el papel aleatoriamente y el autor intenta defender el gesto hablando del azar, la complejidad y la imposibilidad de entender algo concreto a partir de fragmentos (algo que es obvio). ¿Cuál es el mensaje? Hay fragmentos y no se entiende nada, vale, de ahí que la frontera entre sólido y líquido se disuelva (los fragmentos generan un líquido, pero no concretan algo sólido). ¿Y qué? ¿Y cómo justifica el otro montón de ideas que suelta? Por ejemplo, ¿copiar a otros cómo se justifica?, si sólo funciona como recurso para hinchar su texto con referencias externas y como excusa para hablar del "zapping" del mundo actual. Es que no. Agustín ha cogido las ideas de Pynchon (entropía, caos, probabilidad), las ha deformado a su gusto y las ha apelotonado en un libro, sin mostrar ningún cariño hacia la literatura.

3 de abril de 2014

Querido bibliotecario...

Signatura 400 de Sophie Divry.

Grata sorpresa. Muy entretenido. Fluye mucho. Se lee enseguida. Una bibliotecaria se encuentra a un tipo que se ha quedado dormido en el sótano toda la noche y descarga sobre él un monólogo-torrente-verbal a lo Bernhard (entiéndeme). La prosa es arrolladora y tiene bastante humor. A pesar de ser una obra muy corta, hay varias reflexiones circulando. Combina muy bien la situación sentimental, los detalles sobre el trabajo de bibliotecaria, el plano histórico y la crítica hacia el mundo de los libros. No presenta una gran carga de contenidos, ni es especialmente emotivo, pero me ha gustado mucho, es un texto con ciertos destellos de genialidad. Hará las delicias de cualquier amante de los libros.

31 de marzo de 2014

Sonambulista

Un hombre que duerme de Georges Perec.

Novela corta que se desarrolla en segunda persona. Prosa con frases cortas y de fácil lectura. Protagonista indiferente y apático. Vagabundea por las calles de París y se pudre en su buhardilla. Perec, sin duda alguna, es un virtuoso de la enumeración: "De los jardines a los museos, de los cafés a los cines, de las riberas a los jardines, de las salas de espera de las estaciones, a los vestíbulos de los grandes hoteles, los monoprix, las librerías, las galerías de arte, los pasillos del metro. Los árboles, las piedras, el agua...", etc. Y de éstas todas las que quieras. Quizás sea aposta, pero no veo la justificación, si quería enfatizar el entorno lo podría haber hecho de una forma más sutil. Si en un primer momento parece que el personaje alcanza cierta liberación mediante su deambular indiferente, al final el amigo Georges dice lo contrario: "No has aprendido nada, salvo que la soledad no enseña nada, que la indiferencia no enseña nada: era un engaño, una ilusión fascinante y con trampa". ¿La indiferencia como hipocresía? ¿La apatía como pose que pretende ir contra el entorno y la sociedad? ¿Una reacción contra Camus y el nihilismo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial? Percibo la misma ambigüedad pretenciosa que destilan la mayoría de películas de la nouvelle vague, frases tipo "Tu madre no te ha remendado tus cosas. No vas, por enésima vez, a buscar la realidad de la experiencia y modelar en la forja de tu alma la consciencia no creada de tu raza". Si alguien sabe exactamente lo que quiere decir con esa frase... Al final la sensación que te da es que se ha tirado 100 páginas desarrollando algo para al final contradecirlo. El libro finaliza así: "Ya no eres el dueño anónimo del mundo, aquél sobre el que la historia no tiene peso, el que no sentía caer la lluvia, el que no veía llegar la noche. Ya no eres el inaccesible, el límpido, el transparente. Tienes miedo, esperas. Esperas, en la place Clichy, a que la lluvia deje de caer". Supongo que quiere decir que la muerte es la que nos transporta a la verdadera indiferencia y que mientras tanto, por mucho que intentemos aislarnos del entorno y no involucrarnos en él, es imposible ignorarlo. Bueno... mucha pleitesía hacia este libro y al final no impacta tanto, la buscada epifanía no llega al lector.

28 de marzo de 2014

Fantasmas sin espíritu

Los ingrávidos de Valeria Luiselli.

Hola, me llamo Valeria y quiero ser como Bolaño. Al menos lo ha intentado, ha flotado alrededor de varios poetas y uno de los temas centrales es la vida de Gilberto Owen (poeta mexicano). He empezado así pero en realidad la novela no está mal, no es una gran obra, pero ya quisieran los jóvenes escritores españoles. Hay oficio, se aprecia una escritora seria, con carencias, pero también con aptitudes. Lo mejor de la novela es la estructura interna, basada en saltos temporales que de alguna manera se relacionan con el contenido, y cómo ésta se desarrolla con frases cortas y párrafos ligeros. El tiempo se solapa y los ingrávidos son los fantasmas que viven dentro de la novela aun perteneciendo a diferentes épocas. También destacan, a pesar de ser temas bastante trillados, la metaliterariedad (madre mía el palabro) y el conflicto realidad vs ficción. La prosa sencilla, fragmentada, soltando frases y párrafos cortos, funciona, pero falta potencia, expresividad, satisface pero no enamora. Las imágenes y las metáforas son flojitas y faltan recursos humorísticos, la autora recurre en exceso a los chistes que se apoyan en la ingenuidad infantil (y no tienen gracia). El desarrollo de la novela también podría haber sido mejor. En la segunda parte hay un desplazamiento de protagonistas que rompe la armonía y difumina el empuje inicial, la idea pierde intensidad, demasiada concentración en el poeta, se desperdicia lo andado anteriormente. La novela es algo así como la peli Los otros de Amenábar pero en un entorno urbano y con toques metaliterarios. Creo que otro de los problemas es que las dos ideas principales (las superposiciones de tiempo y de realidad-ficción) se complementan a duras penas, no están bien ligadas. Furthermore, hay un toque "escribo guay y sofisticado fragancia New York" que no me gusta demasiado. La autora dice varias veces lo de "una novela horizontal, contada verticalmente" (¡no insistas tanto que no somos tontos!), como si se tratara del eslogan publicitario que justificara la novela. Porque al final parece que se trata de eso, de hacer algo medianamente original, independientemente de si transmites algo o no, es decir, su lectura no enriquece. Una novela interesante, con algunas carencias, pero que muestra una escritora a tener en cuenta en el futuro. P.D.: no estaría de más que el próximo libro no tuviera tantas erratas.

25 de marzo de 2014

Las heridas supuran

Las ideas puras de Pablo d’Ors.

Un profesor de filosofía que pone nombres de filósofos y figuras mitológicas a sus alumnos. Primera novela del escritor. Se nota. Se nota que me he leído 60 páginas y ya estaba harto. Pablo d’Ors es uno de mis autores españoles favoritos (recomiendo Andanzas del impresor Zollinger o El amigo del desierto), pero esta novela me ha decepcionado. Se mueve en círculos, no progresa, un remolino de insustancialidad y aburrimiento. La prosa tampoco es limpia. A lo mejor tiene algún pespunte filosófico que no he sabido ver. ¿Contraste entre las ideas filosóficas y la vida real? Suena bien, pero está mal desarrollado, falta potencia. Aliña todo con un poco de pedofilia disimulada a lo Lolita (que me recordó a las historias de Philip Roth acostándose con sus alumnas) y poco más.

23 de marzo de 2014

¡Y cómo hila!

The Age of Wire and String de Ben Marcus.
 
Genialidad y locura se encuentran en un punto llamado Ben y nos brindan esta gran obra. La era del cable (wire) y la cuerda (string), todo es ponerse a conectar información, así lo hará el lector, de la mejor forma posible. Tiene partes narrativas y otras con definiciones de términos. Prosa elegante. Toques de humor. Lo cierto es que es un libro que me parece mucho más relevante que la gran mayoría de heces que traducen las editoriales españolas. Ah espera, que esta novela es "experimental"... ahora entiendo... Nos traducen a Viola di Grado y la chica, en un intento de hinchar el contenido de su novela desde fuera, dice que quería cambiar el significado de las palabras. Vale... Ben Marcus lo consigue de verdad. Un texto que es genial e incómodo a la vez. Coge ingredientes que todos conocemos y los manipula para dibujar un mapa de una realidad que por un lado no podemos entender, pero que por otro lado resulta inteligible. Todo gravita alrededor de conceptos familiares (comida, sueño, casas, agua, fuego, animales), elementos básicos que todo ser humano maneja. Marcus construye un mundo a través de esa familiaridad y al mismo tiempo juega con ella. Acostumbrados a leer libros en los que las palabras parten de una realidad sólida, aquí las palabras construyen esa realidad al mismo tiempo que esa realidad cambia el significado original de las palabras. Se acerca mucho a la idea de La amante de Wittgenstein de Markson, ambos juntan realidad y lenguaje de forma muy efectiva. Si en Markson el lenguaje se presenta como elemento frío, distanciador, desprovisto de toda emotividad, en Marcus el lenguaje tiene un sentido poético y traza unos simbolismos que equiparan esa realidad creada a nuestro mundo, dotándola de una mayor veracidad. Creo que este libro me ha hecho tener una de las sensaciones más extrañas de mi vida mientras leía. El libro común te saca de la realidad y te introduce en la suya, pero esa desconexión de la realidad no es total porque la ficción suele atender a la lógica. Aquí es como si salieras de la realidad que te rodea, como si tú al leer el libro te dieras cuenta de que vives en otra realidad distinta a la del libro y dudaras de tu propia realidad. Solapa con tanta precisión realidad y lenguaje que te hace cuestionar la realidad que te rodea y lo que das por hecho en el lenguaje. Un ejercicio narrativo exquisito, sólo recomendable para los más audaces.

20 de marzo de 2014

Pro-funda

Norteamérica profunda de Juan Carlos Márquez.

Bloomington, Churchill, Memphis, Delaware... poco importa. Banalidad y planicie se juntan para presentar unos relatos vacíos de estilo y contenido, repletos de frases hechas y con un uso deficiente de las comas. Y ahí está: otro libro cuya aportación a la literatura se ve representada por la tecla situada entre el 9 del sobresaliente y la comilla solitaria, entre la curva que cierra el paréntesis aclaratorio y el signo de interrogación que concluye una pregunta. La propia tecla lo dice todo: igual a cero.

17 de marzo de 2014

Áblame

Abluciones de Patrick deWitt.

Novela debut de "el Bukowski moderno", como dicen algunos. Prosa aceptable, sencilla, se lee fácilmente. El libro es tan entretenido como mediocre. En mi opinión, Bukowski transmite mucha sinceridad y honestidad, hay cierta pureza que se cuela entre sus palabras y llega al lector, transmite una realidad social y una suciedad que no son inventadas, quizás porque estaban muy dentro de él. Vistas prosa y contenido, mi conclusión es que el amigo Patrick es casi todo pose, efecto, y se escuda en su biografía (trabajó en un bar de Los Ángeles) para intentar dar cierto realismo a lo narrado. El problema no es que sea verdad o mentira, el problema es que le falta alma a lo que escribe, las palabras no son capaces de trascender el efecto, creo que el autor nunca ha tenido dentro de sí mismo esa decadencia, quizás por eso la narración parece alejada de todo el declive individual y colectivo que describe. Bukowski, sin profundizar de forma explícita, te hace reflexionar; deWitt lo máximo que consigue es que pases las páginas hasta el final.