22 de septiembre de 2016

Artista, a veces

Body Art de Don DeLillo.

Con el señor DeLillo, Donald para los amigos, me ocurre algo muy curioso: uno de sus libros está entre mis favoritos (Ruido de fondo), pero he intentado leer otras novelas suyas y no he podido con ellas. He aquí un caso. Y es que el estilo tiene grumos... me cuesta avanzar y lo que sucede tampoco me dice nada. No encuentro estímulos ni estilísticos ni intelectuales ni de ningún tipo, niente. Lo cual me intriga... ¿Puede haber tanta distancia entre unas obras y otras del mismo autor? Quizás sea una cuestión personal... O temporal, de inoportunismo.

*No sé por qué se decidió cambiar el título y dejarlo en inglés (original: The Body Artist).

10 de septiembre de 2016

Malono

Malone muere de Samuel Beckett.

De carrerilla, después de leer Molloy, cogí este libro, que forma parte de la famosa trilogía. Sigue una línea similar. Quizás resulte más tedioso por ya saber de qué va el asunto. Fui capaz de acabarlo, pero la verdad es que no lo disfruté igual que el anterior. El absurdo de la existencia, las deficiencias de la razón, la falta de sentido, etc. No percibo nada distinto respecto al anterior, en lo que a ideas se refiere. Creo que con su magistral obra de teatro y la primera novela de la trilogía es más que suficiente para entender su filosofía.

24 de agosto de 2016

No molo

Molloy de Samuel Beckett.

Novela. Primera de su trilogía. Dos partes claramente diferenciadas: una con Molloy, otra con Moran. Monólogos. El argumento no importa, es lo de menos. Semejanzas con Esperando a Godot. Vicisitudes existenciales a través de una serie de vivencias inexistentes. El vacío. No sucede nada realmente. No me refiero a que se trate de un sueño. No sucede nada realmente, en realidad. Conglomerado de vacuidades. Brillantez por momentos: el momento de chupar piedras, etc. No recuerdo más. Falla la memoria. Vibra el absurdo y cae vómito sobre el racionalismo. También caen los andamios del aparato lógico, del pensamiento. Notable ejercicio, si bien...

10 de agosto de 2016

Deceptember

Diez de diciembre de George Saunders.

Relatos. Me interesé por el libro porque colocan al autor a la altura de David Foster Wallace (misma generación). Puro marketing. Ni por asomo, nor almost. Quizás otras obras sean más dignas. Aquí: textos simplones, sin la menor reflexión, sin la menor brillantez estética, sin la agudeza y profundidad de Mr. David. El propio autor dijo sobre este libro que buscaba "acercarse más a la gente" (las comillas no indican una cita sino la great metáfora).

*La inclusión de términos en inglés intenta pantomimetizar el uso que hace el autor de términos en otros idiomas. Chapeau.

27 de julio de 2016

Hormigón, pensé en el sillón

Hormigón de Thomas Bernhard.

Una vez que has leído varias obras de Bernhard te das cuenta de que todas presentan al mismo recurso: la repetición lingüística que intenta reflejar la locura y la obsesión de los distintos narradores, o incluso las incapacidades del lenguaje. Aunque cada texto tiene su punto fuerte y su argumento central sobre el que se trazan variaciones, es cierto que a un creador de esta altura se le debe exigir más. He leído gran parte de su obra y en este punto ya se hace repetitivo (no por ello deja de ser uno de mis autores favoritos). Quizás, a esa reiteración estilística constante se sume que esta sea una de las obras más flojas que he leído, de ahí el regusto amargo. Aun así, no dejéis de leer a Bernhard.

23 de junio de 2016

Un riachuelo

Lao Tse-Heráclito-Schelling-Hegel-Marx-Adorno-Foucault-Derrida

Responda a la siguiente pregunta: ¿qué es la postmodernidad?

O mejor: defina este instante.

24 de mayo de 2016

Planta de plástico olor a Bolaño

Bonsái de Alejandro Zambra.

Texto de menos de 100 páginas en el que un chaval intenta ser Bolaño. Entre otras cosas: prosa sencilla, enumeraciones de figuras literarias y argumento plano. Quizás esté inspirado en el desierto de Atacama, Chile, porque no sucede absolutamente nada a ningún nivel, ni siquiera hay belleza en ese vacío. Por momentos trata de ser poético-filosófico: "la historia de Julio y Emilia continúa pero no sigue", de acuerdo. El autor intenta ser ingenioso pero no llega. Luego está el deje metaficcional, barato barato, pues cae en la simpleza y la tosquedad, dirigiéndose al lector de forma explícita sin ninguna sutileza. Lo metaficcional es un recurso muy socorrido para el que no tiene ideas. Este libro es un claro ejemplo de un autor que cree que puede salvar la banalidad que nos presenta a través de guiños metaficcionales, véase: "En Bonsái prácticamente no pasa nada". No hay nada más triste que ser consciente de la banalidad de lo escrito y añadir un artificio para intentar solventar el problema, lo cual no resuelve sino que multiplica la banalidad. Por si esto fuera poco, intenta solapar realidad y ficción a través del bonsái que aparece dentro de la historia y que se corresponde con el título del libro, otro recurso que eleva el hedor por su tratamiento superficial y por la obviedad de las conexiones. No veo más que recursos añadidos gratuitamente para intentar salvar lo insalvable: no tener nada que decir.

6 de mayo de 2016

Para fans de un fantasma

Todas las historias de amor son historias de fantasmas de D. T. Max.

Biografía de David Foster Wallace. Para los amantes del autor es un documento muy interesante, casi fundamental, pues no se limita a indagar en su vida personal sino que traza un recorrido por toda su obra y profundiza ligeramente en ciertos aspectos de la misma. Hay algunos datos que son erróneos, como por ejemplo: el propio autor en una entrevista decía que La broma infinita en un principio se iba a llamar Un entretenimiento fallido, pero según este texto parece ser que ese título inicial era un mero subtítulo. Tampoco es grave. Cabe destacar que se aprecian las contradicciones internas del autor: soy un creador puro y altruista, sólo pienso en el arte y en ayudar a los demás, pero quiero que mis obras me brinden éxito y fama; por tanto, ¿soy un impostor? Escribo una novela que intenta ser un antídoto para las adicciones, pero yo mismo soy adicto a determinadas sustancias, a la tele y a gustar a los demás. ¿Realmente soy tan puro? ¿En mis obras intento dar algo al lector o en el fondo lo que me interesa es el beneficio propio? Las paradojas que están presentes en La broma infinita asediaban al autor en su vida cotidiana, como aparece reflejado en el texto. Bien hecho Max. Gran libro.

*Recientemente se estrenó en España The End of the Tour, una película basada en un libro de David Lipsky sobre Wallace (Although of Course You End Up Becoming Yourself). La película está bien. El libro reposa en mi estantería a la espera de ser leído.

22 de abril de 2016

The Lost Scrapbook

El cuaderno perdido de Evan Dara.

Obra maestra desconocida, publicada en español por Pálido Fuego hace justo un año. Uno de los pocos textos fragmentarios (Manhattan Transfer, La colmena, Lancha rápida, etc.) que mantiene la intensidad hasta el final. La idea principal es la variación y la ausencia de centro (a qué me recuerda esto...), de tal manera que el lector navega entre historias que, a priori, no mantienen ningún nexo en común.

Muestra ciertas semejanzas con Pynchon y la idea de entropía, no obstante, en Pynchon suele haber individuos que tienen mayor importancia que otros, mientras que en la novela de Dara no sobresale ningún personaje (no hay centro o centros). Hay algo de deconstrucción en ese intento de eliminar el centro. No se trata de seguir las andanzas de un individuo en concreto sino de apreciar el conjunto y las ideas. Destruye (o deconstruye, si se quiere) la presunción de que el centro de todo relato tiene que ser un individuo. Dara se centra más en las ideas. Posiblemente estemos ante una crítica del lenguaje y de las convenciones narrativas, en el sentido de que se suele prestar más atención a las palabras o a los personajes que a las propias ideas. Dara construye un texto equidistante, sin centros concretos, para que el lector se olvide de los personajes y de buscar hilos argumentales y se centre en las ideas y su conexión.

Ideológicamente, lo más destacado es su critica a la sociedad actual, principalmente a la pérdida de valores pronunciada por el capitalismo. Utiliza la fragmentariedad como recurso para romper el individualismo. Una novela anticapitalista no puede centrarse en el individuo, pues es algo promovido por el capitalismo y que a su vez lo alimenta. El texto intenta romper el individualismo que está arraigado en el sistema y que impide una visión panorámica, no egocéntrica, del mundo, algo que sería positivo para todos.

En definitiva, una lectura imprescindible. Tendría que leerla otra vez para empaparme bien de todo.

*Curioso que La broma infinita es de 1996 y El cuaderno perdido de 1995. La primera se publicó en español en 2002, la de Dara en 2015... 13 años de diferencia, aunque sean excelentes por igual.

5 de abril de 2016

Rejoyce

A Girl Is a Half-Formed Thing de Eimear McBride.

Página 52 alcancé. Autora de descendencia irlandesa. Y veo a Faulkner y Joyce en el texto (y no me gusta ninguno de los dos, de momento). Narración caótica, "cubista" si se quiere, no se entiende nada, o se percibe por impresiones ("impresionista" si se quiere), pinceladas y brochazos, ponte el mono antes de sumergirte. No obstante, me manché. Referente contemporáneo: Ben Marcus, aunque éste lo borda. Estos escritores parten de que la manera convencional de narrar está desgastada y hay que ir más allá, generando textos cuya lectura es bastante incómoda, especialmente por la dificultad para conectar la diversidad de elementos. Si bien Marcus creo que sobresale en esta tarea, pues crea conexiones simbólicas y arquetípicas que sirven de base más o menos sólida para el resto de complejidad, con McBride uno empieza la lectura con interés pero poco a poco se pierde. Parece que hay un hijo o una hija que tiene un tumor y no se sabe si va a salir adelante, etc. Supongo que el desorden del texto está relacionado con la "deformidad" del chaval. La incapacidad de ser un individuo normal se refleja en la complejidad textual. Creo que se puede exigir mucho más, como mínimo que la obra enganche lo suficiente como para no dejar de leer.

21 de marzo de 2016

Ego hambriento

Ejército enemigo de Alberto Olmos.

Cerré el libro sobre la página 15, concretamente al leer esta frase: "No me interesa lo in, no me obsesiona estar on, no cultivo lo cool, no me fascina lo fashion y mi único must es masturbarme; lo friki me da escalofríos". Okey... ye ye ye... Alberto en el micrófono bitches... el rapero cuyo escenario es el papel... sí sí, nena... desde Segovia con amor... yeah... A las colegialas las tiene locas. Estamos ante lo que se denomina un escritor amateur que aquí despliega todo su ingenio, toda su potencia verbal. Alberto pasó toda su infancia durmiendo en una litera, por eso le encanta la aliteración... Ja ja ja. Lo peor no es el infantilismo de este tipo de jueguitos, sino esa necesidad implícita que tiene Alberto de buscar el aplauso a través de la ocurrencia barata. "Yo le sacaba siete años de edad y varias vidas de escepticismo". ¡Una estatua para este filósofo! A nivel literario (si es que este último término encaja con el texto) intenta ser ingenioso a toda costa y despliega una sucesión de comentarios vacíos que acaba viciando la estructura del texto. Antes de ponerse a escribir habrá que madurar por dentro. No creo que sea adecuado utilizar la literatura para alimentar el ego.

10 de marzo de 2016

A duras panes

El pan a secas de Mohamed Chukri.

Lectura sencilla, amena, agradable. Fluye mucho. Se empatiza a la perfección con los personajes y las situaciones. Pobreza, salir adelante y algunos retazos de perversión (no aptos para mojigatos). Creo que es un libro perfecto para desengrasar de lecturas complejas y sin sacrificar calidad literaria. Recomendable.