20 de julio de 2014

Sequía

La inundación de Yevgueni Zamiatin.

Una historia de celos en la que una mujer mata a hachazos a otra que empezaba a ocupar su lugar en la casa. Y no hay más. Hachazo en el cráneo porque quería tener un hijo con su hombre. Relato escueto. Prosa sencilla. Nada relevante (he leído reseñas que aplauden la profundidad del análisis psicológico... ni caso). Una inundación que intenta enlazar simbólicamente con la incursión de la otra mujer en su casa (inunda la casa con su presencia) y con el embarazo posterior (el bebé inunda el vientre). Y eso es to eso es to eso es todo, amigos.

18 de julio de 2014

Bucler

El vagabundo de las estrellas de Jack London.

Completado: 300/400 p. Estamos ante las últimas palabras de un tipo que está en la cárcel condenado a muerte. Se comporta mal y le meten en el cuarto de castigo donde se queda incomunicado. Sin embargo, otros dos personajes que llevan un tiempo en cuartos paralelos han desarrollado un sistema de golpes para comunicarse. Lo aprende. Se comunica. Etc. La idea principal es la separación de cuerpo y espíritu, ya que el protagonista tiene una especie de capacidad sobrenatural (que podrían ser alucinaciones) que le permite trasladarse a épocas remotas y vivir otras vidas. Así, lo que nos dice el autor es que cada uno tiene múltiples vidas (un espíritu que va cambiando de cuerpo) y que hay que sufrir situaciones extremas de dolor, hambre y aislamiento para poder ser conscientes de ello. Cada vez que viaja y es otra persona hay una digresión. Estas digresiones, en mi opinión, no funcionan, están muy separadas del argumento principal, carecen de interés e importancia en relación con el resto de elementos y no aportan gran cosa. Hay partes que están bien y que son inspiradoras, pero en general el texto no me parece nada del otro mundo, incluso se hace repetitivo: ahora viajo, ahora me pegan, ahora me comunico, ahora me ponen la camisa de fuerza, ahora me pegan, ahora viajo, ahora...

14 de julio de 2014

Sin sin

Siete pecados capitales de Milorad Pavic.

Relatos que quieren ser diferentes, extraños, pero que se ahogan en su propia oscuridad (demasiadas referencias y poca concreción ideológica y argumental). Le sobra descripción arquitectónica y le falta intensidad narrativa. Se da un aire a El hurgón mágico de Coover, pero menos sutil en el uso de recursos metaficcionales (se comunica con el lector de forma demasiado explícita) y menos ágil con el estilo (plomo en la pluma). Su ambigüedad, su pseudoprofundidad y su pretenciosidad me irritan: "Porque Dios no se asoma a nuestros pensamientos, sino a nuestros sueños" (y se queda tan ancho, sin profundizar); "Si sabe qué es, ha leído a Joyce; si no lo sabe, ¡no lo ha leído!" (palmadita en la espalda de su lector preferido). Supuestamente, la clave de todo es un agujero que hay en un espejo que conecta todos los relatos, pero luego el autor dice que también es "el agujero dentro de usted" (dentro del amigo lector) y no explica nada. Muy ambiguo todo. Un charco de agua sucia en el que quizás alguno pueda ver su propio reflejo y quedarse satisfecho.

11 de julio de 2014

Chesscake

Novela de ajedrez de Stefan Zweig.

Muy bueno/obra maestra. El amigo Stefan no decepciona. Nos encontramos en un barco para recibir unas clases magistrales de ajedrez. Un tablero blanco y negro, dos rivales, dos oposiciones, una dualidad. Un libro un barco un tablero un autista una cárcel: espacios cerrados. Se va a jugar una partida épica. El primer hombre, muy callado, casi autista, está cerrado interiormente y aprendió a jugar al ajedrez viendo partidas reales, de forma material, concreta, y a su vez centrándose en un espacio limitado (tablero). El segundo hombre fue encarcelado, encerrado exteriormente, lo que no impidió que su imaginación, gracias a su libertad interior, reprodujera las partidas de ajedrez que encontró en un libro, y cuando se le agotaron éstas, se inventó las suyas propias. Uno es materialista en su aprendizaje porque sus límites son internos; el otro aprendió con la imaginación porque los límites estaban fuera de él. Hermosa dualidad. Al final se muestra que ambas tendencias tienen sus puntos débiles. Mucha gente le da un papel primordial a la crueldad y a los modos de tortura nazi (el ajedrecista imaginativo es encarcelado por ellos), pero no creo que ése sea el tema principal. Incluso creo que es más importante la analogía que despliega sutilmente Zweig entre los ajedrecistas y lo literario, sugiriendo que la literatura es abordable desde ambos lados, proponiendo dos formas de lectura: la del lector materialista, que se limita a ver lo concreto, palabras, negro sobre blanco, y la del lector imaginativo, que es capaz de percibir más allá, pero también de inventarse cosas que no están en el propio texto (que quizás es lo que esté haciendo yo ahora mismo). En serio, creo que Zweig plantea un libro con dos capas, una para el lector materialista que sólo ve a los ajedrecistas, y otra para el imaginativo, que es capaz de darse cuenta de su guiño a la literatura, donde los colores del tablero son las palabras en el papel (a lo mejor me lo he inventado todo).

9 de julio de 2014

No voy a volver a entrar

No voy a salir de aquí de Micah P. Hinson.

Cuando el libro es malo la página se convierte en unidad de tiempo. Aguanté la mitad. 50 páginas de simbolitos, blanco sobre negro, tan fácilmente descifrables que escupen su intrascendencia. Luego descubres que el "escritor" es "músico" y que su incursión "literaria" probablemente se deba a su "musicalidad", característica ajena a su prosa. Un bodrio.

7 de julio de 2014

Ganesh o pierdas

El sanador místico de V.S. Naipaul.

Trinidad y Tobago. Un hombre que sabe leer y escribir (que ya es mucho para el lugar y la época) empieza a hacer sus pinitos como sanador. "Sanador", es decir, no hace nada del otro mundo, pone en juego el efecto placebo y la gente se cura por sí sola. Poco a poco irá creciendo su influencia hasta convertirse en alguien importante. Simplificando: muestra cómo la cultura puede ser utilizada para escalar socialmente y cómo la humildad inicial y la buena fe del protagonista, en cuanto asoma el poder (social, económico...), degeneran. Moraleja simplificada: tener mucha cultura no es sinónimo de bondad o pureza, incluso puede llegar a ser contraproducente puesto que puede ser utilizada para embaucar a los demás. Moraleja extrasimplificada: la cultura no es algo positivo en sí mismo. Como diría la parienta: pas mal.

5 de julio de 2014

El repartidor de verdades

Alma de Javier Moreno.

Si bien hay detalles interesantes, alguna frase inteligente y algún toque de humor con chispa, el conjunto me parece muy flojo. Camina cerca de la propuesta nocillera de Fernández Mallo, incluso la mejora ligeramente, pero al mismo tiempo demuestra que esta forma de hacer las cosas, si no tienes nada que decir, difícilmente llega a alguna parte. Uno de los problemas es que la mecánica del texto se escuda en lo fragmentario para obedecer al "escribo lo que se me ocurre", por eso todo son frases sueltas, una tras otra, que apenas tienen relación entre sí y cuya colocación atiende a los caprichos del escritor. Otro problema es la cantidad de paja, de reflexión vacía y de receta pseudofilosófica que nos encontramos. Javier Moreno confía en que el lector dé por válidas unas reflexiones en las que no se profundiza nada y que más bien son ocurrencias o falacias que indagaciones serias sobre la naturaleza de la realidad. Vamos con la inundación de frases: "El problema es que los seres humanos somos más de uno pero menos de dos" (y no he manipulado el contexto, la suelta como un tortazo); "Una ciudad no es un lugar físico. Una ciudad es una alucinación colectiva" (muy guay); "La mujer aloja un vacío en su interior, un vacío que los hombres apenas intuimos y que sin embargo nos atrae profundamente" (increíble insight); "El número de preguntas que uno puede formular supera al de las respuestas que puede dar. De ahí se concluye que la vida está indisolublemente ligada al enigma" (claramente); "mi primera paja fue involuntaria, falta de previsión y de imágenes. Supongo que algo parecido es lo que padecen en su acoplamiento los animales. Un asombro estúpido. Una prueba definitiva de que hasta el orgasmo es artificio" (no hay relación entre lo planteado y la conclusión, prueba definitiva de que la rigurosidad del texto es inexistente).

2 de julio de 2014

Palabras escribo papel sobre

Relatos de Samuel Beckett.

Un día Samuel se levantó y pensó: "voy a jugar con la sintaxis y que os den por culo", a lo que un lector ofendido añadió: "no me toques los cojones, Samuel" y cerró el libro. Y aquí estamos... viendo cómo el amigo Beckett se divierte con el lector, cambiando la estructura de las frases, repartiendo ambigüedad y tiniebla, fabricando obstáculos literarios, etc. Cada relato un divagar para llegar a ninguna parte. Cita: "Infierno esta luz de la nada no hay razón ningún momento, se quita la chaqueta, no, desnudo, de acuerdo, dejarlo por ahora. Hojas de papel negro, pegarlas a la pared con telaraña y saliva, no sirve, brillan como el resto". Ahí lo llevas. El relato El despoblador (el del cilindro) fue el único que me pareció interesante, pero también demasiado cerebral. Creo que es un problema general del libro, todo resulta muy mental, falta lado emotivo o algo a lo que agarrarse más allá de la abstracción lingüística. Beckett quiere resultar existencialista, quiere reflexionar sobre el ser humano, pero simplemente deambula con las palabras, jugando con ellas sin concretar nada. ¿Quiere decirnos que la palabra no lleva a ningún sitio?, ¿que el pensamiento no sirve para definir la existencia? Quizás, de acuerdo, me quito la chaqueta, no, el sombrero no, y menos desnudo, pero no hace falta que la experiencia de lectura sea tan desagradable. Supongo que el lenguaje desordenado quiere reflejar el caos de nuestro pensamiento, pero es que esto sucede en todos los relatos. No hay relación directa entre forma (común a casi todos los relatos) y contenido (distinto en cada relato). Una lectura diferente, sí, que descoloca las estructuras internas, pero si cuelas el caldo te quedas con hambre.

29 de junio de 2014

Negro agujero negro

Una singularidad desnuda de Sergio de la Pava.

El primer capítulo es cansino, un bombardeo de legislación, términos de abogacía, juicios, burocracia... muy aburrido. Avanzas y la cosa mejora. Es un libro que se mueve con diálogos, apenas hay narrador. Las partes de juicios, tribunales, interrogatorios y demás, en su mayoría, son aburridas, me recordaron a la pesadez que transmiten algunos libros de Kafka. Es obvio que quiere tocar el asunto con total profundidad, pero cansa, un lector que no esté interesado en el tema difícilmente disfrutará esas partes. Diría que es un libro que va de oasis en oasis, en el desierto de la parafernalia legislativa encuentras reflexiones muy interesantes y partes entretenidas. Son esas partes las que invitan a continuar, con la esperanza de encontrar más oasis. El protagonista es un abogado que defiende a los malos, es decir, intenta reducir las penas de los criminales. Así, el autor sitúa a su personaje más allá del bien y del mal, porque no podríamos determinar la moralidad de su trabajo. Lo de no usar comas en algunos tramos, a lo que el propio autor contestó que era para darle velocidad al texto, me parece un recurso dudoso. El libro habla de la muerte, la conexión entre personas, el mundo de la información y la tecnología, la televisión, la moral contemporánea, el contraste entre realidad y ficción, los límites de lo legal, etc. Creo que le falta bastante punch al final, queda algo informe, podría haber concluido con más fuerza. Intentando evitar el spoiler descarado, en mi opinión, el autor justifica que el universo camina hacia el colapso, hacia una singularidad espacio-temporal, un agujero negro, diciendo que "hay demasiada materia" (Nueva York como una vorágine de materia, el apagón está relacionado con lo que sucede en un agujero negro). Relaciona la materia del universo con la cantidad de materia que encontramos en nuestro planeta y cómo el individuo puede convertirse en un criminal con tal de ganar más dinero para poseer más materia (absorbido por el agujero negro que es Nueva York). La parte del boxeo no me parece que esté bien integrada con el resto, sí que hay conexión simbólica (abogado que defiende malos = lado oscuro de la justicia / boxeo = lado oscuro del deporte) y cuestionamiento moral (¿defender a criminales es algo bueno?, ¿pegarse puñetazos como deporte es aceptable?), pero aun así no hay demasiada reflexión en esa dirección, está la idea de ser recordado por dar mamporros (legado cuestionable), pero el conjunto no cuaja como debería. Entre otras cosas, el autor también comenta algo de que el crimen es atractivo por la singularidad de la voluntad que lo comete y que el protagonista, puesto que es una persona normal, podría dejar como legado el crimen perfecto y de alguna manera potenciar su singularidad. Creo que el autor nos dice que lo que le sucede al protagonista es lo que tarde o temprano le sucederá a casi todo el mundo (ya que el universo va en la misma dirección), esto es, que todo individuo común (no como las figuras históricas) se corromperá con el fin de convertirse en una singularidad, intentando desmarcarse de la mediocridad a través de la cantidad de materia obtenida o dejando un legado de moralidad dudosa. Veredicto: obra destacable, que juega en otra liga respecto a sus contemporáneas, con ideas y reflexiones realmente interesantes, pero que tiene ciertas asperezas que empañan la sensación final.

26 de junio de 2014

II

El doble de Fiódor Dostoyevski.

Segunda novela de Fiódor, se nota. Decepción. Un tipo que descubre que hay otro igualito a él. La trama es previsible, la tensión se mantiene a base de situaciones repetitivas, no hay tanta profundidad psicológica, la prosa es normalita, hay tramos confusos, la historia de amor entra con calzador, etc. El error más grave es que al final se desvela que el personaje supuestamente está loco y que el doble es una alucinación, sin embargo, esto no queda tan claro, no funciona bien porque parte de una mentira, de un narrador en tercera persona que describe al protagonista y al doble interactuando. Oséase, el protagonista está loco y el narrador nos miente a lo largo del texto para ocultarlo, ya que éste último ve físicamente al doble aunque éste sea una alucinación. Si hubiera desarrollado una narración en primera persona todo hubiera sido más creíble. En cuanto al contenido... hay una ligera crítica a la importancia de las clases y de la imagen en la sociedad, pero poco más.