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16 de marzo de 2015

Comida sin especias

Especies de espacios de Georges Perec.

No veo la genialidad, es más, me sobrecoge la vacuidad de sus gestos. Chistes sin gracia, reflexiones vacías, jueguitos con las palabras, enumeraciones innecesarias... Intenta hablar del espacio y su excusa es que hay que "obligarse a escribir sobre lo que no tiene interés, lo que es más evidente" para que lo común parezca extraño. Así, se lía a enumerar infinidad de lugares y decir obviedades tipo "El mundo es grande. Los aviones lo surcan en todas direcciones todo el tiempo". Es difícil obtener respuestas interesantes cuando las preguntas que se plantean son tan superficiales. Parece el cuaderno de un niño que ha empezado a escribir lo primero que se le ha ocurrido sobre su ciudad, su habitación, el campo... En las últimas páginas el colegial deja entrever sus motivos diciendo algo así como que el espacio es deformado por el tiempo y la escritura es lo que permite retenerlo, generando un espacio estático. Nada nuevo bajo la lámpara del cuarto.

31 de marzo de 2014

Sonambulista

Un hombre que duerme de Georges Perec.

Novela corta que se desarrolla en segunda persona. Prosa con frases cortas y de fácil lectura. Protagonista indiferente y apático. Vagabundea por las calles de París y se pudre en su buhardilla. Perec, sin duda alguna, es un virtuoso de la enumeración: "De los jardines a los museos, de los cafés a los cines, de las riberas a los jardines, de las salas de espera de las estaciones, a los vestíbulos de los grandes hoteles, los monoprix, las librerías, las galerías de arte, los pasillos del metro. Los árboles, las piedras, el agua...", etc. Y de éstas todas las que quieras. Quizás sea aposta, pero no veo la justificación, si quería enfatizar el entorno lo podría haber hecho de una forma más sutil. Si en un primer momento parece que el personaje alcanza cierta liberación mediante su deambular indiferente, al final el amigo Georges dice lo contrario: "No has aprendido nada, salvo que la soledad no enseña nada, que la indiferencia no enseña nada: era un engaño, una ilusión fascinante y con trampa". ¿La indiferencia como hipocresía? ¿La apatía como pose que pretende ir contra el entorno y la sociedad? ¿Una reacción contra Camus y el nihilismo de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial? Percibo la misma ambigüedad pretenciosa que destilan la mayoría de películas de la nouvelle vague, frases tipo "Tu madre no te ha remendado tus cosas. No vas, por enésima vez, a buscar la realidad de la experiencia y modelar en la forja de tu alma la consciencia no creada de tu raza". Si alguien sabe exactamente lo que quiere decir con esa frase... Al final la sensación que te da es que se ha tirado 100 páginas desarrollando algo para al final contradecirlo. El libro finaliza así: "Ya no eres el dueño anónimo del mundo, aquél sobre el que la historia no tiene peso, el que no sentía caer la lluvia, el que no veía llegar la noche. Ya no eres el inaccesible, el límpido, el transparente. Tienes miedo, esperas. Esperas, en la place Clichy, a que la lluvia deje de caer". Supongo que quiere decir que la muerte es la que nos transporta a la verdadera indiferencia y que mientras tanto, por mucho que intentemos aislarnos del entorno y no involucrarnos en él, es imposible ignorarlo. Bueno... mucha pleitesía hacia este libro y al final no impacta tanto, la buscada epifanía no llega al lector.