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5 de mayo de 2025

Con Chi Tao

Retrato de una mujer moderna
de Manuel Vicent.

Ficcionalización de la vida de la cantante Concha Piquer.
Un texto entretenido, aunque algo marujil, que acaba saliendo airoso gracias a la capacidad de Vicent para generar nostalgia y tocar teclas melancólicas.
No tengo ningún vínculo con la cantante ni sus canciones y me sorprende cómo el autor consigue que sienta cosas.
Vicent contrapone bien el entorno tradicional valenciano y la sordidez del mundo de Nueva York.
Es muy habilidoso creando atmósferas; con cuatro pinceladas te transporta al Nueva York de los años 20 o a la época posterior a la Guerra Civil.
En general, es una biografía que se centra más en el bosque y deja un poco de lado los árboles, pero esto permite que el ritmo sea bueno.

Al final hay un capítulo con bastante jugo que reflexiona sobre lo que supuso Concha Piquer para muchos artistas que crecieron con sus canciones. Incluso cuestiona el valor artístico de la cultura popular (se afirma que la cultura popular del pasado es algo auténtico y verdadero, no como la mayoría de creaciones actuales).

*El título señala que Concha Piquer fue una mujer moderna y el texto lo explica remarcando que fue una de las primeras figuras femeninas que hizo realmente lo que le dio la gana (una idea que en el contexto feminista actual cobra más fuerza).

17 de noviembre de 2023

Ton de amor

Son de Mar
de Manuel Vicent.

El arco narrativo de la historia de amor funciona bien, la prosa está muy cuidada y el banquete que conforman la carne, el hueso, la fantasía y la mitología es suculento. No obstante, sobran páginas. La primera mitad es estimulante, poética y exuda misterio, pero traspasado el ecuador, la novela va perdiendo fuelle (se va volviendo más terrenal) y uno llega a la parte final con ganas de que se acabe ya. Despierta sensaciones contradictorias, pues tiene muchos ingredientes de calidad, pero el resultado final no es totalmente satisfactorio.

10 de marzo de 2014

Que Edén

Balada de Caín de Manuel Vicent.

Narra Caín. Adán y Eva son papá y mamá. Distorsión. Caín y Abel homosexuales. Surrealismo. Mundos superpuestos y/o saltos temporales. Extensión y reescritura de las Escrituras. Humor cojonudo. Prosa exquisita. Originalidad. Narra Caín, desde sus viajes por el desierto a.C. hasta sus andanzas como saxofonista en Nueva York. La evolución del personaje está muy bien tratada y las superposiciones temporales acompañan a la perfección y suceden de manera muy suave. "El rabo de la mona es la esencia", es decir, el equilibrio entre presente, pasado y futuro, en referencia a la historia de la humanidad, a nuestra vida cotidiana o a la narración. La superposición temporal potencia la idea de que, aunque no lo hayamos vivido, todos llevamos el paraíso (el pasado) en nuestra memoria. ¿Nueva York es el nuevo paraíso? En la modernidad la gente celebra la muerte de Abel y le pide autógrafos a Caín, "patrón de todos los asesinos", el primer asesino de la historia. En Nueva York a Caín se le aparece un perro (símbolo de Cerbero) y metafóricamente le muestra las diferentes vías hacia el paraíso: iglesia (religión), joyería (riqueza), comisaría (justicia), alcantarillas (pobreza), remarcando ésta última por la capacidad de sus habitantes de olvidar lo que hay arriba. El can simboliza lo opuesto a Cerbero, pues si éste originariamente guarda las puertas de acceso al infierno, aquí guarda las del paraíso, por lo que Caín se encuentra en el infierno. Casi al final del libro aparece una frase que confirma lo dicho: "Tu propio yo es tu Caín que asesina a Abel. Si no has visto al diablo, mira a tu propio yo. Sólo el yo arde en el infierno". Caín defiende el placer de olvidar, "la dicha consiste en esa sensación de no haber vivido", y describe la felicidad como una "sensación de una belleza que está en la memoria y uno ya no recuerda", exactamente igual que nuestra sensación acerca del paraíso. Eva antes de morir le dice a Caín que "no vuelva el rostro al pasado; la vida consiste en huir detrás de un sueño que no existe". Porque si volvemos la vista atrás nos damos cuenta de que nos echaron del paraíso y de que vivimos en el infierno. Cada recuerdo, cada anhelo, cada destello melancólico tiene su esencia en la pérdida del paraíso. La muerte de Abel es algo metafórico porque supone que éste sale de la memoria de Caín (y de la memoria colectiva, de ahí que le pidan autógrafos en la era moderna). En definitiva, todos somos Caín y matamos a Abel cada día para olvidar la belleza del pasado y así poder recuperar el paraíso en el ahora.