14 de mayo de 2021

Coraçao preto

El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead.

Como obra literaria sobre la esclavitud norteamericana, más de uno dirá que es una obra maestra. Y podría estar de acuerdo. Como novela a secas, es una historia muy interesante, muy bien contada, que además tiene la fuerza de lo que se impulsa en hechos reales. "El ferrocarril subterráneo" era el nombre de una red de rutas y vías de tren secretas del siglo XIX que se utilizaban para que los esclavos negros que vivían en estados esclavistas escaparan a estados libres.

Si bien es cierto que Colson Whitehead no plantea demasiadas reflexiones profundas ni se recrea con florituras estilísticas, la odisea de Cora, en su concisión, habla por sí sola y, en este caso, es más que suficiente. La fluidez de la prosa se lo pone fácil al lector para conectar con los personajes y el relato. Nos sumergimos, sin bombona de oxígeno, en la sordidez, la injusticia y la atrocidad de esa época tan oscura de Estados Unidos. Es una lectura enriquecedora, no sólo porque se puede disfrutar como entretenimiento (dentro de unos límites morales), sino porque despierta mucha empatía y expande la percepción que uno tiene de lo que significa ser negro en ese país, con un pasado tan problemático.

9 de mayo de 2021

Aceptabless

Less de Andrew Sean Greer.

Escribo esto mucho después de haber tenido el libro delante de mí. Recuerdo que lo compré en una tienda de Italia (¿Bérgamo?) como respuesta a una inesperada ventana de tiempo que se abría ante mí y requería alimento. Por apariencia, era lo mejor que ofrecía la tienda en inglés. Recuerdo que no lo leí entero. Al principio fluía mucho, pero poco a poco iba haciéndose repetitivo. Recuerdo con bastante nitidez que pensé que estaba leyendo algo vacío que no me aportaba nada. Diría que es un pasatiempo digerible no apto para lectores exigentes. Si no recuerdo mal.

5 de mayo de 2021

This-is-my-patio

Dissipatio H.G. (The Vanishing) de Guido Morselli.

Aka Dissipatio humani generis aka La desaparición del género humano. Un ladrillo más en el edificio posapocalíptico. Un ladrillo breve, de alrededor de 100 páginas, pero ladrillo (la paradoja). Ensayo sobre la soledad, el solipsismo y la muerte en el que la ficción parece una excusa para filosofar de forma pedante y cerebral, haciendo un uso excesivo (e irritante) del name-dropping y las expresiones en otros idiomas (así como de apuntes entre paréntesis). Tiene algunas ideas interesantes y cierta atmósfera palpable, pero es difícil conectar con la situación dado el planteamiento tan intelectual que despliega Morselli. En una línea similar e infinitamente superior, recomiendo La amante de Wittgenstein de David Markson (algo hay escrito aquí).

30 de abril de 2021

Delhicious

Tigre blanco de Aravind Adiga.

Prosa endemoniada desde el minuto 1. El relato se mueve a gran velocidad, como si imitara el frenesí cotidiano de India. Lo más destacado es que, teniendo un ritmo feroz, no cae en los típicos defectos que suelen ir asociados a este tipo de narraciones. Adiga deja espacio suficiente para que todo se desarrolle de forma óptima, dentro de unos límites, y el tono cómico está muy conseguido. Es un libro que consigue entretenerte y hacerte reír al mismo tiempo que te transporta a India. Además, ofrece observaciones interesantes sobre la lucha de clases e incluye bastantes detalles sobre lo que supone ser pobre en el país. Poco más se le puede pedir a un libro de estas características. Entretenimiento de calidad que genera cierta efervescencia interna.

*Evitad a toda costa la película de Netflix.

26 de abril de 2021

Los ciegos y el elefante

El Nix de Nathan Hill.

Obra maestra de principio a fin. Como bien apuntan algunas comparaciones, se asemeja a David Foster Wallace, eso sí, un DFW diluido, aunque menos pesado; más entretenimiento, menos profundidad. Lo que más me ha sorprendido es cómo el autor logra que todos los capítulos sean entretenidos, algo inusual en una novela de esta extensión (más de 600 páginas) y que despliega una narración fragmentaria, alternando épocas y personajes constantemente. Nathan Hill ha dado con la fórmula perfecta, equilibrando muy bien lo emotivo y lo intelectual, lo individual y lo colectivo, las reflexiones y el humor, el collage y el retrato particular... Es excelente en todos los sentidos. Sí que hay ciertos lugares comunes, pero en ningún momento llega un tufillo a estereotipos y clichés. La única pega que se le puede poner es que a veces da la sensación de que son capítulos sueltos que se han unido, pero eso no impide que sea una de las mejores novelas del siglo XXI.

La parábola de los ciegos y el elefante sirve de analogía a lo que le sucede a algunos personajes. Son los ciegos intentando describir al elefante sin haber tocado con las manos la totalidad, sólo una parte. Esto es extrapolable a la vida misma, como afirma el propio Hill (traducción mía) "nuestra identidad verdadera está escondida detrás de muchas otras identidades verdaderas". La identidad total de un individuo puede estar compuesta de identidades contradictorias que son igual de verdaderas. Y tras comprender esto, los ciegos se quitan el sombrero al unísono.

12 de abril de 2021

La estalactita horizontal

Hielo de Anna Kavan.

Leído en versión original, hasta la mitad. Pese al hielo, el lector no se desliza. Una mujer se adentra en un pueblo misterioso buscando a otra mujer. Hasta ahí puedo leer y hasta ahí leí. Con una atmósfera que recuerda a Kafka, sí, y una prosa que se atasca cual veiculo longo en carretera nevada. Siguiendo el chiste: me dejó frío. La trama no tiene ninguna intensidad y el desarrollo, más allá de generar cierta intriga intermitente, no tiene fuerza. Todo transmite un estatismo excesivo, el texto al borde de la congelación. Ja + ja. Parece que la narración está sin pulir, demasiadas palabras para tan poca variedad de sucesos. Kavan sigue una línea clara, altamente programada, de la que apenas se separa, y el conjunto se resiente. Una onda sin valles ni crestas que genera una continuidad insulsa, una estalactita horizontal.

5 de abril de 2021

Karl Over

La muerte del padre de Karl Ove Knausgård.

Misterioso libro sin ser misterioso. Te sumerge por completo en lo que sucede y lo que sucede apenas resulta significativo. Levantamiento de cejas. Es decir, deglutes con alegría y entusiasmo, pero eso no impide que le sobren 100 páginas tranquilamente, sobre todo por sus excesos descriptivos. Como excursión taciturna por el entorno escandinavo, con sus casitas, sus bosques y su frialdad familiar, puede funcionar. Como reflexión sobre la muerte, se queda algo corta. Da la sensación de que la primera parte es mayormente relleno, andanzas infantiles sazonadas con ocurrencias vagas y algún intento de definir al padre a brochazos. Merece más la pena la segunda parte, especialmente el tramo final, especialmente la frase final (spoiler): "Y la muerte, que yo siempre había considerado la magnitud más importante de la vida, oscura, atrayente, no era más que una tubería que revienta, una rama que se rompe con el viento, una chaqueta que cae de la percha al suelo". Esta frase bien podría resumir las expectativas que tenía y lo que acabó siendo el libro. Uno entra esperando ver el escalpelo diseccionando el cadáver del padre y el interior del autor, pero sólo encuentra una linterna alumbrando restos de ropa tirada.

Simplificar lo que significa la muerte es arriesgado. La visión simplista que ofrece Knausgård es cuestionable, ya que puede servir de excusa para juntar palabras sin profundizar, apropiándose de la atmósfera oscura que brindan el título y los primeros párrafos sin verdaderamente merecerlo; el título usado casi como cliffhanger y el proceso de lectura convertido en una larga espera. La estrategia es útil, pero no es del todo satisfactoria. No cabe duda de que es un libro muy personal y quizá ese sea su mayor defecto, pues lo particular se impone a lo universal. Se produce una colisión entre la profundidad del tema, un tema que por naturaleza es universal, y el enfoque extremadamente personal y poco reflexivo que se le da. Falta reducir la distancia entre esos dos puntos para que salten chispas, aunque esto no impide que detrás haya un escritor competente y que el libro se deje leer fácilmente.

16 de marzo de 2021

Todo al 11

Estación Once (Station Eleven) de Emily St. John Mandel.

Nostradamus predijo el COVID con el cuerpo y la mente de la señorita Emily en 2014. O no. Tampoco es importante, pero la idea se vende bien. Situación posapocalíptica más o menos convencional, virus mediante, cuya narración va dando saltos en el tiempo. Emily sabe escribir, pero sin fuegos artificiales, nada espectacular, y tampoco desarrolla gran cosa a nivel conceptual. Falta mucha profundidad. Es una propuesta meramente funcional, competente, con tramos tediosos, tramos interesantes, algún destello, algún bostezo... Válida como escapismo puntual. Sin conocer de nada a la autora diría que es su primera novela; sorpresa cuando busco en internet y veo que es la cuarta. Me temo que se queda en la Estación Cinco sobre Diez.

20 de octubre de 2020

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Fue un honor... Ahora la letra entra a fuego lento y con cronómetro. Pero se degustan más las onomatopeyas y se mordisquean bien los huesos de perdiz.

8 de mayo de 2019

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Prisionero de una mirada cavernícola. A su espalda todo luz. Delante de él su sombra. Su cuerpo no se mueve para seguirla. Sólo ve el girar de su sombra. Cuando el sol se va, ni luz ni sombra. Al amanecer vuelve en silencio. Sin el menor sonido que permita al girasol entender que no todo es su sombra.

5 de julio de 2018

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Camina en círculos la lengua, y más a estas horas de la tarde, formando un reguero de saliva que los perros confunden con secreciones de un rival. Pronto se secará. "No hagas eso". La correa se tensa y dibuja una cruz con la farola más cercana. Gris y azul, lejos de lo religioso. Como no es de noche no ilumina. Sólo revela sombras, tan oscuras como redundantes. Su olfato intenta medir el ángulo del sol, aunque a estas horas del año se precipita hacia los colores. La mano golpea el metal y la vibración agita a las arañas que viven arriba. Telarañas intactas. Como no es de noche pasan hambre, pero saben esperar. Su deseo es de elefantes minúsculos; odian a los insectos con trompa. Cuanto menos viento mejor. El asfalto ya no quema y se deja llevar. Un dulce. Las arañas revisan y recomponen. Hay grietas. Un olor descubre, repentino, que le llena de vitalidad. La energía gotea y empieza a chispear. No es lluvia, sino saliva. Lenguas chocan sin piedad y en poco tiempo el hogar de las arañas sufre el líquido. Devastador. El cielo rosado se inclina pidiendo perdón, pero nadie mira. Feliz en su anonimato, las arañas bajan en vertical y se protegen en la sombra. El ladrido típico de este hemisferio, a estas horas de la tarde, apenas resuena.

13 de septiembre de 2017

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Las manos de Yundi Li son arañas. Li Yundi. Como las de Glenn Gould cuando Thomas Bernhard escribía sobre él en la buhardilla de los Höller. Gould escribía sobre Bach, sobreescribía a Bach. La araña de Denis Villeneuve se solapa con las líneas de otro escritor. Podríamos hablar de Ewers, incluso de Ovidio. Por aquellos tiempos. Tejidos que se transforman. Frédéric Yundi. Y nuevos tejidos. Y se amontonan. Li Chopin. Entre la aglomeración uno se pierde. Telarañas. Ya no merece la pena estructurar. O más bien: aglomerar en orden. Cada nombre me lleva a la obra. Respectivamente. Bajo el patrón del scherzo, el escarceo, la broma. Atrapando insectos sin querer. Con dos y tres voces al mismo tiempo. Contrapunto. Número 1 Opus 30. Como un código que al descifrarse te lleva a un tesoro. Inmaterial. Quizás 20. A una red virtualmente tejida. Pero ahí no se acaba. Paraíso terrenal de letras por descubrir. Si esto es posible. Glenn. Seguro que Bernhard le saludaría al verle. Lo. Li. Me refiero a Thomas. Yundi. Nativo de Heerlen, Holanda. Hasta donde llegue el verbo y las conexiones. Países Bajos. Tan meticuloso como incoherente. Y coherente. Nació allí. Cerca de Chongqing, China. En función del espacio-tiempo. Todo ilusión. Boca abajo es más fácil. Siempre y cuando. Quería decir "y coherente". De fondo las melodías de Yundi. El texto absorbe el momento y se propaga. Ebrio de música. Quizá las de Fryderyk. Tocadas por Li.

5 de junio de 2017

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Sólo leo a Bernhard. Mentira. Krasznahorkai, László, ahora. Hacia donde apuntaba Tarr, con el corazón, no el dedo, el órgano, tras hacer Armonías de Werckmeister. El caos como dieta. Y la destrucción. Las palabras cansan, como elementos, entes, organizadores de algo que no se puede organizar. Una organización falsa con apariencia de verdad. Desnudez lingüística se busca, el lenguaje como ropa, atuendo, vestimenta mental. Despójate, despójame. Nos sobra. Thomas Bernhard. Inigualable recital de vacíos. La lengua camina en círculos, reguero de saliva que se evapora a altas temperaturas. Banal. Los dedos trazan geometrías ocultas con las teclas. Líneas imaginarias cuya repercusión sólo conoce Google. Teclados. Se perdió el romanticismo manual, papel y lápiz, el error dejando una marca visible, física, en la superficie. Si esto no fuera un párrafo, si lo separáramos en líneas, "versos", podría pasar como poesía posmoderna. Así se vende hoy, así se vende, aunque no rime. En la mayoría de los casos ni siquiera hay ritmo, ni un intento por transmitir un significado, pero no nos preocupa, a nosotros, a vosotros, ciudadanos del siglo veintiuno, 21, XXI. Se trata de juntar palabras, sin sentido, que "evoquen" cientos de interpretaciones, cientas, todo vale, todo sirve, para llegar a un lugar común: el vacío. Pues nada tiene sentido, todo sentido es una construcción humana, por tanto... Todo vale para llegar a ninguna parte, que, en el fondo, es la verdad fundamental del ser humano. Así es, o lo tomas o lo dejas, o mejor aún, aceptas la ambivalencia. De ahí la frase: "La vida no vale nada, pero nada vale una vida". En esa contradicción reside la verdad. Léase David Markson. Aunque sólo leo a Thomas. No es el caos lo que predomina, sino el orden contradictorio, algo que a su vez es contradictorio. No es el caso aquí, en estos versos, besos, pero el único orden que existe es contradictorio, todo lo demás es random, aleatorio.

27 de abril de 2017

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Cada vez leo menos. ¿Vago? El cine se impone. Recomiendo Sombre, de Philippe Grandrieux. Esta incomparecencia literaria se debe en parte a un sentimiento de rechazo que surge de dentro. O The Lobster. El sistema literario es totalmente hermético y no está abierto para nadie. Una persona que escribe algo, levanto la mano, quizás lo único que busque es que le escupan en la cara lo mala que es su novela. Antes eso que la invisibilidad. Puedes probar con Armonías de Werckmeister, de Tarr, que por cierto, justo empecé el otro día a leer la obra original. Es decir, la invisibilidad que siente el que está mucho tiempo elaborando un texto y tras mandarlo a innumerables editoriales, o mejor: "enterradores culturales", ve cómo ni siquiera los ojos de un becario se apoyan sobre él, sobre el texto. Con "enterradores" me refiero a los del cementerio, sin menospreciar al becario. Últimamente sólo leo a Bernhard. Un sistema, especialmente el español, al que no le importa la calidad, lo nuevo, lo innovador... Un sistema que sólo busca ganar dinero. "Hay que comer" te dirán, "está mal el negocio". Entiendo que la literatura, o por lo menos el circo que la rodea, tiene que competir con una infinidad de fuentes de entretenimiento, de ahí que los editores se vistan de bufón. Hay que entretener. Thomas Bernhard. La literatura lucha contra el resto de estímulos de la manera equivocada, pues en lugar de elevarse presentando calidad y agarrándose a las características que la hacen única y especial, en lugar de eso se iguala, de tal manera que se buscan nombres, no obras; se vende entretenimiento, accesibilidad, gratificación instantánea, poco esfuerzo, Wallace David Foster dixit, metafórica y literalmente. Aunque sólo leo a Bernhard. No obstante, en Estados Unidos, de donde viene todo el frenesí capitalista, consumismo, el billete como centro, hay mecanismos para que la literatura de calidad no desaparezca: Dalkey Archive, Fc2, etc. ¿Qué mecanismo hay en España? Postdata: la literatura española ha muerto. Post mortem: crujen sus miembros como si de la rigidez del sistema se tratara. No he podido encontrar exactamente lo que significa "Bernhard" en Google, algo con los términos "fuerte" y "duro". Y lo que sucede es que entro en una librería y me dan náuseas. El día del libro es más bien un funeral, porque entro en la librería y no veo más que árboles muertos, papel malgastado. Deberían hacer los libros con hojas caídas, no con el tronco, el resultado sería más armónico pues no habría que quitar vida para generar algo que ya nace muerto. Las palabras me cansan y más las que están mal escritas y no me transmiten nada, esto es, la mayoría. Ahora bien, todo son obras maestras inigualables, lo pone en la faja, una faja que al contrario de lo que sucede con los cuerpos humanos, en lugar de quitar peso lo añade. Hace poco vi una entrevista de un rapero que decía que las editoriales le llamaban para que escribiera un libro y él preguntaba "¿y qué escribo?" y las editoriales contestaban "da igual, lo importante es que esté tu nombre en la portada". Nacido en Heerlen, Países Bajos, aunque creció en Austria. También recomiendo Requiem for the American Dream, con la cabeza de Chomsky ocupando la mitad del cartel. Documental.

27 de diciembre de 2016

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Para ser visible en las búsquedas hay que escribir textos optimizados para SEO, es decir, los buscadores no sólo buscan, sino que determinan el contenido. Desde un punto de vista creativo, la calidad no importa, sólo se valora el número de veces que se repiten las palabras clave, la precisión del título, la eficacia de la descripción, los hipervínculos...

Y es que los buscadores no buscan, encuentran directamente lo que quieren. Esa búsqueda no es inocente, sitúa en primera posición lo que considera relevante de acuerdo a unas fórmulas cuantitativas, no cualitativas. Esto es una forma de discriminación que puede resultar muy peligrosa, ya que rechaza todo aquello que no atiende a unas normas que el propio buscador establece. Conceptualmente, esto no se aleja mucho de lo que es una dictadura. Quizás habría que empezar a pensar en los buscadores como algo que no debería estar en manos de empresas privadas. No tengo ninguna duda de que estamos ante una sutil y apenas perceptible dictadura de la información.

Lo más grave de todo es que la calidad ha dejado de ser un factor que pueda competir contra la visibilidad y el número de visitas. De ahí que la inmensa mayoría de textos sean meras excusas, agrupaciones de palabras en el orden adecuado, para desplegar todo tipo de anuncios o hipervínculos que generen una imagen de producto o te dirijan al lugar en el que debes comprar lo que te venden.

Así, el lenguaje pasa a ser, no ya un medio de expresión interna, individual, en el que predomina el valor del contenido, sino simple información irrelevante cuyo fin es existir para vender algo que se anuncia alrededor. Como si el lenguaje se pusiera en la piel de la luna, sólo visible a través del reflejo de la luz solar. Adivinen quién es el sol.


*Y no poner un título razonable para cada entrada se convierte en una forma de resistencia. Y seguir en blogspot y no cambiar a wordpress también.

20 de diciembre de 2016

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Si el ser humano construye todos los significados a nivel social y cultural, las obras que no son capaces de esquivar esos constructos son irrelevantes, pues no hacen más que enjuagarse la boca con falsas verdades. El arte debe dirigirse al corazón de lo no construido social y culturalmente, al núcleo de lo universal, sin confundir "universal" con "humano".

30 de noviembre de 2016

Nadan y Eva

Log of the S.S. The Mrs. Unguentine de Stanley Crawford.

Sorpresón. Pequeña obra maestra. Huele a clásico (el cadáver de Hemingway flota en el agua). Lo fantástico, lo real y lo surreal. Un matrimonio que vive en un barco que más bien es el jardín del Edén. Y no salen de ahí, del barco, del jardín. Comunicación silenciosa, entre ellos. Narra ella. La relación se complica, el barco fluye, repleto de animales y plantas. Exploración de las vicisitudes conyugales. Se puede entender como una alegoría sobre Adán y Eva. Inundación por artificio. Exquisita.

26 de octubre de 2016

eBaden

En el balneario y Viaje a Nuremberg de Hermann Hesse.

Las dos obras venían juntas en el mismo libro. La primera de ellas algo mejor que la segunda. Hesse es un maestro de la sencillez, que no simpleza. Es capaz de tocar fibras sensibles y espirituales con muy poco, sin parafernalia. Profundiza de manera suave y agradable, evitando los excesos narrativos. Aquí estamos ante dos textos cortos donde Hesse se presenta sincero, honesto, adoptando la posición de un viejo sabio que nos abre su corazón y reflexiona sobre su filosofía de vida. Destacar su concepción unitaria del mundo, pero aceptando las dualidades; una especie de policromía que también es unidad (se apoya en el taoísmo). En definitiva, dos obras interesantes, ligeramente profundas, profundamente ligeras.

22 de septiembre de 2016

Artista, a veces

Body Art de Don DeLillo.

Con el señor DeLillo, Donald para los amigos, me ocurre algo muy curioso: uno de sus libros está entre mis favoritos (Ruido de fondo), pero he intentado leer otras novelas suyas y no he podido con ellas. He aquí un caso. Y es que el estilo tiene grumos... me cuesta avanzar y lo que sucede tampoco me dice nada. No encuentro estímulos ni estilísticos ni intelectuales ni de ningún tipo, niente. Lo cual me intriga... ¿Puede haber tanta distancia entre unas obras y otras del mismo autor? Quizás sea una cuestión personal... O temporal, de inoportunismo.

*No sé por qué se decidió cambiar el título y dejarlo en inglés (original: The Body Artist).

10 de septiembre de 2016

Malono

Malone muere de Samuel Beckett.

De carrerilla, después de leer Molloy, cogí este libro, que forma parte de la famosa trilogía. Sigue una línea similar. Quizás resulte más tedioso por ya saber de qué va el asunto. Fui capaz de acabarlo, pero la verdad es que no lo disfruté igual que el anterior. El absurdo de la existencia, las deficiencias de la razón, la falta de sentido, etc. No percibo nada distinto respecto al anterior, en lo que a ideas se refiere. Creo que con su magistral obra de teatro y la primera novela de la trilogía es más que suficiente para entender su filosofía.

24 de agosto de 2016

No molo

Molloy de Samuel Beckett.

Novela. Primera de su trilogía. Dos partes claramente diferenciadas: una con Molloy, otra con Moran. Monólogos. El argumento no importa, es lo de menos. Semejanzas con Esperando a Godot. Vicisitudes existenciales a través de una serie de vivencias inexistentes. El vacío. No sucede nada realmente. No me refiero a que se trate de un sueño. No sucede nada realmente, en realidad. Conglomerado de vacuidades. Brillantez por momentos: el momento de chupar piedras, etc. No recuerdo más. Falla la memoria. Vibra el absurdo y cae vómito sobre el racionalismo. También caen los andamios del aparato lógico, del pensamiento. Notable ejercicio, si bien...

10 de agosto de 2016

Deceptember

Diez de diciembre de George Saunders.

Relatos. Me interesé por el libro porque colocan al autor a la altura de David Foster Wallace (misma generación). Puro marketing. Ni por asomo, nor almost. Quizás otras obras sean más dignas. Aquí: textos simplones, sin la menor reflexión, sin la menor brillantez estética, sin la agudeza y profundidad de Mr. David. El propio autor dijo sobre este libro que buscaba "acercarse más a la gente" (las comillas no indican una cita sino la great metáfora).

*La inclusión de términos en inglés intenta pantomimetizar el uso que hace el autor de términos en otros idiomas. Chapeau.

27 de julio de 2016

Hormigón, pensé en el sillón

Hormigón de Thomas Bernhard.

Una vez que has leído varias obras de Bernhard te das cuenta de que todas presentan al mismo recurso: la repetición lingüística que intenta reflejar la locura y la obsesión de los distintos narradores, o incluso las incapacidades del lenguaje. Aunque cada texto tiene su punto fuerte y su argumento central sobre el que se trazan variaciones, es cierto que a un creador de esta altura se le debe exigir más. He leído gran parte de su obra y en este punto ya se hace repetitivo (no por ello deja de ser uno de mis autores favoritos). Quizás, a esa reiteración estilística constante se sume que esta sea una de las obras más flojas que he leído, de ahí el regusto amargo. Aun así, no dejéis de leer a Bernhard.