Prosa endemoniada desde el minuto 1. El relato se mueve a gran velocidad, como si imitara el frenesí cotidiano de India. Lo más destacado es que, teniendo un ritmo feroz, no cae en los típicos defectos que suelen ir asociados a este tipo de narraciones. Adiga deja espacio suficiente para que todo se desarrolle de forma óptima, dentro de unos límites, y el tono cómico está muy conseguido. Es un libro que consigue entretenerte y hacerte reír al mismo tiempo que te transporta a India. Además, ofrece observaciones interesantes sobre la lucha de clases e incluye bastantes detalles sobre lo que supone ser pobre en el país. Poco más se le puede pedir a un libro de estas características. Entretenimiento de calidad que genera cierta efervescencia interna.
*Evitad a toda costa la película de Netflix.
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