Buenos días, son las 4:57 a.m. y soy una bola rodante, llámame
Matojo, de esas que aparecen en las películas del Oeste y que transgredieron
el género y actualmente se utilizan como recurso humorístico para expresar el
aburrimiento. Dícese de la novela en la que no pasa nada y se le atribuyen
fenómenos existencialistas. Buenos días, son las 5:11 a.m., ahora no se me
ocurre nada que decir así que os describiré cómo enciendo la chimenea y cómo mi
pata, hembra del pato, inspecciona troncos de madera en busca de insectos para
nutrirse. Buenos días, son las 4:34 a.m., hoy que el número es capicúa voy a
hacer algo especial, voy a tomarme una taza de café frente a la chimenea, pero
antes quiero que observéis cómo manejo las cerillas con una mano. Buenos días,
son las 4:55 a.m., el libro era una broma y el editor se lo ha comido, claro
ejemplo de que una vez que tienes un nombre da igual lo que escribas.
Conversaciones sobre la escritura, de Ursula K. Le Guin
Hace 22 horas
Alto y claro. 7:32 p.m., no inflar la lista de pendientes con la caja de cerillas de Nicholson Baker. Me quemaré los dedos.
ResponderEliminarGracias y un saludo ;)
:)
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