Augusto, protagonista, con un nubarrón por mente, abre el
grifo y lanza una lluvia de reflexiones al lector, quedándose bien a gusto.
Estilo veloz, se lee rápidamente. Prosa correcta, evitando atascos, repartiendo
regalos a veces. Temática: hombre que idealizando amorosamente a una mujer,
activa su dispositivo del amor y es capaz de enamorarse de todas. Errores y
aciertos. ¿Eh? Por un lado ese chaparrón de reflexiones resulta interesante porque
da riqueza al texto y produce cierta efervescencia cerebral, pero por otro
lado, muchas veces el trazo es vago y la mayoría de ideas se quedan en mero
esbozo, sin profundización, el autor un crupier que va repartiendo cartas sin
saber lo que hay en ellas. ¿Error? Estoy seguro de que esa superficialidad es
voluntaria y sirve para elevar la niebla, pero inicialmente, sin haber digerido
la idea principal del texto en su totalidad, puede resultar reprochable (el
propio autor dice en el texto que hay que jugar con las palabras y confundirlo
todo). Así, al principio la niebla se identifica con el pensamiento, que
intenta analizar todas las cosas y comprenderlas, y con la idealización y
confusión del enamorado, pero después evoluciona y transita caminos más
oníricos. Se aprecia un impulso innovador que quiere descolocar al lector,
desordenar, promover la indefinición, romper con lo establecido. Lo más
interesante llega cerca del final, con el recurso metanarrativo, cuando el
protagonista habla con el autor. Cuando Augusto le pregunta a Miguel si está
soñando, éste le contesta que no está ni despierto ni soñando, lo que sitúa la
novela en un punto intermedio entre el sueño y la vigilia, lo inconsciente y lo
consciente, lo irracional y lo racional, el azar y el orden, rompiendo así la
dualidad. En mi opinión, Unamuno utiliza el término nivola para
desmarcar su novela de las normas y de la tradición de realidad que suele
acompañar a casi todas y colocarla en un plano especial, intangible, indefinido.
A través de lo metanarrativo Unamuno traspasa las fronteras de la ficción y
consigue que el lector despierte en pleno sueño (que sea consciente de que está leyendo una novela), que viva una vigilia dentro
del sueño que es la novela y la literatura en general. Más tarde, cuando el
autor se plantea matar al protagonista, éste último, en sus ansias por vivir,
dice "también usted se morirá [...] ¡Dios dejará de soñarle!". Aquí vemos que el
autor establece una conexión donde el escritor es un dios, pero también donde
el propio Unamuno existe porque alguien le sueña. Cuando Unamuno produce la obra,
la "sueña", los personajes existen porque él los "sueña" (reflexión sobre el
acto creativo y la existencia). Unamuno ya murió, sin embargo, es inmortal a
través de su obra porque el lector sueña a los personajes y a través de ellos a
él. La confusión, la niebla, consiste en que vida y sueño, realidad y ficción,
son lo mismo (el enamorado, aun idealizando a la amada, siente de verdad, por
lo que su sueño es real). Unamuno busca la eternidad y consigue ser inmortal
gracias al lector. Convierte al lector en un dios creador, ya que la vida de
los personajes y del propio Unamuno depende de que algún lector lea su obra y los
sueñe.
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Hace 13 horas