13 de febrero de 2014

Riseña de la nivola

Niebla de Miguel de Unamuno.

Augusto, protagonista, con un nubarrón por mente, abre el grifo y lanza una lluvia de reflexiones al lector, quedándose bien a gusto. Estilo veloz, se lee rápidamente. Prosa correcta, evitando atascos, repartiendo regalos a veces. Temática: hombre que idealizando amorosamente a una mujer, activa su dispositivo del amor y es capaz de enamorarse de todas. Errores y aciertos. ¿Eh? Por un lado ese chaparrón de reflexiones resulta interesante porque da riqueza al texto y produce cierta efervescencia cerebral, pero por otro lado, muchas veces el trazo es vago y la mayoría de ideas se quedan en mero esbozo, sin profundización, el autor un crupier que va repartiendo cartas sin saber lo que hay en ellas. ¿Error? Estoy seguro de que esa superficialidad es voluntaria y sirve para elevar la niebla, pero inicialmente, sin haber digerido la idea principal del texto en su totalidad, puede resultar reprochable (el propio autor dice en el texto que hay que jugar con las palabras y confundirlo todo). Así, al principio la niebla se identifica con el pensamiento, que intenta analizar todas las cosas y comprenderlas, y con la idealización y confusión del enamorado, pero después evoluciona y transita caminos más oníricos. Se aprecia un impulso innovador que quiere descolocar al lector, desordenar, promover la indefinición, romper con lo establecido. Lo más interesante llega cerca del final, con el recurso metanarrativo, cuando el protagonista habla con el autor. Cuando Augusto le pregunta a Miguel si está soñando, éste le contesta que no está ni despierto ni soñando, lo que sitúa la novela en un punto intermedio entre el sueño y la vigilia, lo inconsciente y lo consciente, lo irracional y lo racional, el azar y el orden, rompiendo así la dualidad. En mi opinión, Unamuno utiliza el término nivola para desmarcar su novela de las normas y de la tradición de realidad que suele acompañar a casi todas y colocarla en un plano especial, intangible, indefinido. A través de lo metanarrativo Unamuno traspasa las fronteras de la ficción y consigue que el lector despierte en pleno sueño (que sea consciente de que está leyendo una novela), que viva una vigilia dentro del sueño que es la novela y la literatura en general. Más tarde, cuando el autor se plantea matar al protagonista, éste último, en sus ansias por vivir, dice "también usted se morirá [...] ¡Dios dejará de soñarle!". Aquí vemos que el autor establece una conexión donde el escritor es un dios, pero también donde el propio Unamuno existe porque alguien le sueña. Cuando Unamuno produce la obra, la "sueña", los personajes existen porque él los "sueña" (reflexión sobre el acto creativo y la existencia). Unamuno ya murió, sin embargo, es inmortal a través de su obra porque el lector sueña a los personajes y a través de ellos a él. La confusión, la niebla, consiste en que vida y sueño, realidad y ficción, son lo mismo (el enamorado, aun idealizando a la amada, siente de verdad, por lo que su sueño es real). Unamuno busca la eternidad y consigue ser inmortal gracias al lector. Convierte al lector en un dios creador, ya que la vida de los personajes y del propio Unamuno depende de que algún lector lea su obra y los sueñe.

11 de febrero de 2014

Can't

¿Fue él? de Stefan Zweig.

Novela corta. Prosa correcta. Hay dos fallos que empañan el resultado final. El primero es que es un texto muy previsible, desde que aparece el can se sabe lo que va a suceder. El segundo es más grave: la inverosimilitud. Durante toda la novela Stefan se esmera en crear un personaje muy meticuloso y muy atento y al final, de repente, éste actúa de una forma totalmente opuesta a como viene haciendo todo el relato. Y no es que presente las antípodas de un comportamiento particular, es que la situación que genera el autor resulta inverosímil hasta entre personas normales, con unas capacidades mínimas de sensibilidad y atención. Gran decepción.

8 de febrero de 2014

El lejano Orestes

Un hombre que se parecía a Orestes de Álvaro Cunqueiro.

Reinterpretación de un mito. Orestes busca venganza y viene para matar a Egisto. Leí 57 páginas. No conecto para nada, quizás sea el culpable. En mi opinión, el texto está totalmente desenfocado, hay una línea clara pero la narración no concreta, como si el autor, al mismo tiempo que va dando forma al castillo, se entretuviera jugando con la arena de alrededor, movimientos que no aportan nada al desarrollo, que más bien parecen una forma de extender o abrillantar algo que no da para mucho. El autor, más que controlar la narración, se deja llevar por las fantasías que salen de su cabeza y al final queda algo ciertamente indefinido, impreciso, dejando una sensación de que faltan ideas y argumento y sobra lenguaje. Algunas frases no están mal, pero en general abusa mucho de las comas: "No sabía estar sin la espada en la mano, y cuando recibía forasteros se situaba debajo de su retrato al óleo, en el que aparecía vestido de negro, flexionada la pierna derecha, y saludando con la espada, como al comienzo de lección", tal que acaba irritando. Me cuesta creer que haya lectores que conecten al 100% con el texto.

6 de febrero de 2014

Orhaciones

El castillo blanco de Orhan Pamuk.
*El astrólogo y el sultán.

Dos gemelos que representan Oriente y Occidente intercambian conocimientos mientras van desarrollando una relación amor-odio. Aguanté un tercio del libro. La prosa cumple, pero el estilo es cansino... Dos piedras en los ojos. Literatura estática, todo descripción, el cerebro sobre el papel, lees pensamientos, masticas narración, no hay vida más allá de sus palabras.

Gárgaras mentales

Silencioso Tao de Raymond M. Smullyan.

Demasiado racional para intentar transmitir algo espiritual. El peor libro sobre taoísmo que he leído. No pude acabarlo. Primer libro sobre taoísmo que no acabo.

4 de febrero de 2014

La concha de tu madre

Al descubierto de Nicola Barker.

Después de leer 104 páginas y descubrir que en el proceso, ni cuerpo, ni mente, ni espíritu han obtenido un mínimo de placer o algún atisbo de iluminación extraordinaria, abandono el barco. Prosa y estilo de baja calidad. Contenido que aún estoy buscando. Todo enredo y confusión. "La impecable factura de la historia" pone detrás... Veamos. Evidencias que refutan la teoría que sostiene la contraportada: 1. Es imposible, absurdo, inverosímil, estúpido, que un mendigo al que conoces de un día te proponga un cambio de nombre y tú aceptes, y que hasta tus amigos te llamen como el mendigo ha decidido. 2. Nathan abandonó a su hermano Ronny hace mucho tiempo, sin embargo, recibe cartas de odio dirigidas a él en su propia casa. 3. El libro es de 1998. Un tren mató a su padre porque alguien abrió la puerta de un vagón antes de que el tren parara. Los primeros trenes automáticos aparecieron en Inglaterra en los 70, y aparte, dónde se ha visto un tren que abra sus puertas perpendicularmente hacia fuera, es que ni los autobuses. 4. Nathan dice que estaba muy unido a su padre antes de que muriera, pero le regala al mendigo que acaba de conocer el reloj que lleva una inscripción con el nombre de su padre. En definitiva, novela mediocre que intenta compensar sus carencias narrativas y su oquedad a través de la excentricidad de sus personajes.

3 de febrero de 2014

Cuando + es -

Apócrifo del clavel y la espina de Luis Mateo Díez.

El carnicero me advirtió que con un cuarto de libro sería suficiente. Acertó. Prosa de andares ancianos, sobrecargada de nombres propios, extremadamente alambicada. Dice así: "Las Murias de Valbarca es el centro comarcal del Valle y Pobladura de San Roque, la aldea más perdida, casi una braña en los altozanos de La Quebrada" y así "era un monje anacoreta llamado Cebedeo Narayola, llevaba al cuello la cruz de San Genadio y vestía la melota de piel de cabra de los hijos de San Fructuoso". Y también dice cosas como "era un lozano garañón" o "una familia de maragatos mejorados". Este texto es un claro ejemplo de que un exceso, bien camine hacia lo vulgar o hacia lo elevado, siempre resulta perjudicial. En primer lugar, creo que el autor retuerce su prosa para contar cosas que por su insulsez no lo requieren, es decir, el contenido no está a la altura de la forma, la complejidad de la prosa no encaja bien con las banalidades del entorno rural que se presenta, es más, resulta disonante y parece una pose o un barniz que intenta elevar un botijo a la categoría de astro. En segundo lugar, el autor complica tanto las frases que la acción pierde su efecto, la prosa empaña el cristal, las palabras se vuelven opacas, la acción pierde fuerza porque hay un amasijo de complejidad entre lo que ocurre en el texto y el lector, las palabras, en vez de señalar con el dedo hacia la acción, dan volteretas y se señalan a sí mismas para que papá lector aplauda la gesta. En tercer lugar, y último, algunas frases encadenan palabras rebuscadas, símbolos y metáforas como si de construir el castillo de naipes más alto del planeta se tratara, ejemplo: "de todas las cicatrices las peores son las que quedan tras cauterizarse las heridas de la memoria, ese terco volcán siempre dispuesto al estiaje de las lavas, aventador de las cenizas como el mal viento que desperdicia las pajuelas de la era". La prosa no es mala, pero resulta excesiva por todas partes y tiene cierto aire exhibicionista. Cuando el papel se convierta en arena de playa nudista avisaremos al autor.