Grande Lola con este ensayo magistralmente documentado y bastante agudo sobre la "atrofia de la capacidad narrativa" y la "crisis de subjetividad". Qué paradójico que las iniciales de la autora sean LLM y los Large Language Models se estén convirtiendo en el nuevo enemigo número uno de nuestros cerebros. Preveo un ensayo suyo sobre el tema pronto; y deseoso de leerlo.
La atrofia de la capacidad narrativa viene a ser "la progresiva dificultad para contarse a sí mismo y para elaborar una historia". Esto se extrapola a aspectos psicológicos que impiden conectar el sufrimiento psíquico con sus causas.
"La atrofia de la capacidad que aquí analizamos no tiene solo que ver con una dificultad para ponerle palabras al pensamiento, sino con un déficit del pensamiento mismo y del mundo de la imaginación, con un progresivo vacío de representación que surge como defensa ante las condiciones de producción de la individualidad en un capitalismo de la atención que nos hace, precisamente, desatentos".
La hipótesis de este ensayo es que "tenemos dificultad para pensar, y esta dificultad para pensar la vinculamos a un vaciamiento de nuestro mundo interno, a una incapacidad creciente para transformar lo que nos acontece en una experiencia subjetiva, propia, comunicable".
En los hombres y mujeres huecos "el yo neural, la autoconciencia corporal y social imitativa, no alcanza a desarrollar su yo narrativo".
"Nuestro mundo interno se vacía a favor de la adhesión a las propuestas del mundo externo, que nos entretienen con reclamos constantes".
"Narrarnos forma parte de la construcción de nuestra identidad, tanto social como individual".
Aplaudo cuando dice que los que optan por cambiar de sexo deberían "explorar narrativas más creativas en torno a su experiencia sexual, tanto en su exploración del género como en su elección del objeto de deseo —una exploración por fuera de los tradicionales roles de género binarios—", ya que esto haría que su experiencia de un yo que no encaja encontrara el lugar en el que su subjetividad tiene que estar, sin necesidad de encajar en patrones prestablecidos. El problema es que para ello tienen que "desarrollar la capacidad de crear relatos sobre sí mismos que contengan una cierta ilusión de sentido" o, de alguna manera, pararse a pensar, algo que parece ir en contra de nuestras sociedades aceleradas.
Alega que el individuo "no dispone de recursos para convertir su experiencia en lenguaje, o lo hace mediante una descripción anecdótica y despojada de sentido, sin impronta subjetiva y temporal".
"La aceleración de los acontecimientos no permite, pues, la fijación de la experiencia, sino su acumulación fragmentaria, lo que no genera una memoria declarativa ni una historia con posibilidad de ser narrada, y acaba afectando a la salud mental y física de los ciudadanos".
Y en lugar de narrarnos a nosotros mismos, copiamos a otros.
La cantidad ingente de información que recibimos y "la aceleración temporal con la que experimentamos esta información y la procesamos, ejercen una presión sobre nuestro sistema nervioso que excede sus capacidades plásticas, hasta su desbordamiento. Un desbordamiento que conlleva efectos patológicos para los individuos sometidos a este régimen de información, que ven transformada su capacidad de sentir e interpretar los signos no verbales del sufrimiento y el placer de los otros, todo lo cual se traduce en una erosión de la empatía y la solidaridad".
La tecnología digital impone una transformación, ya que "cuando se pasa de la forma alfabética y secuencial del lenguaje a la forma simultánea y electrónica, digital, desaparece el pensamiento crítico, pues la aceleración de la infosfera y la extrema intensificación del ritmo de la estimulación nerviosa que produce saturan la atención y, en consecuencia, desactivan la capacidad crítica".
"Las experiencias conscientes forman conjuntos unificados que sentimos como un todo, pero un cerebro que recibiera un input de información excesiva y no fuera capaz de integrarla no podría hacer de ello tal experiencia. ¿No es esto lo que nos ocurre cuando navegamos por internet?, ¿qué sucede cuando saltamos de una información a otra de forma acelerada?, ¿podemos discriminar y separar ese flujo de información para que pueda integrarse con nuestras experiencias anteriores, y podamos conservarla y convertirla en una nueva experiencia?".
Habla de la pérdida de atención y de que esta se ve potenciada por los smartphones y las redes sociales. Las redes sociales llenan nuestro tiempo de espera, de aburrimiento y de ensoñación y hacen que empeore nuestra creatividad.
Parafrasea a Berardi cuando afirma que "el vínculo que une el significante con el significado es la presencia humana, y esa unión es la raíz del sentimiento lingüístico, que desaparece cuando aprendemos de las máquinas".
Duda 1: ¿quién aprende de las máquinas? Si se refiere a leer textos en el ordenador o el móvil, todo eso (salvo refritos de la IA) está escrito por humanos.
Duda 2: ¿si leo de una pantalla de ordenador no hay presencia humana y si leo de un libro sí? Estaría diciendo que el aprendizaje leyendo libros es más pobre que el aprendizaje oral.
"Cuando el flujo comunicacional se intensifica y las fuentes de información se multiplican, el cerebro está expuesto a una corriente demasiado densa de información que no puede discriminar y que desborda sus capacidades de representación, lo que produce mutaciones neurológicas profundas e impide que ninguna imagen o representación logre instalarse. El ruido ocasionado por ese flujo impedirá que alguno de los elementos contenidos en él se convierta en un acontecimiento, en un hecho significativo capaz de fijar nuestra atención y de convertirse así en una experiencia comunicable".
Asocia el incremento de adolescentes que se autolesionan a la atrofia de su capacidad narrativa "que es síntoma de la producción del tipo de individualidad sin sujeto que genera el sistema neoliberal actual".
Los nacidos a partir de 2000, año en el que se universaliza internet, no tienen "menos recursos cognitivos que las generaciones anteriores, sino que se les empuja a utilizarlos de formas distintas, más superficiales, menos profundas; se les insta a huir de la complejidad".
"El nivel de inteligencia disminuye si esta no se ejercita: el pensamiento se atrofia y, con él, la capacidad narrativa".
Las etiquetas comunes (PAS, TOC, trans, etc.) alivian el malestar y apaciguan la posibilidad de que uno se busque a sí mismo. Dejas de pensar por ti mismo, acudes a etiquetas prestadas o valoraciones externas. "El problema de esta huida del pensamiento es que produce un vacío de representación y, por tanto, también de subjetivación. Los adolescentes sufren un malestar sin nombre que intentan calmar mediante la asunción de una identidad prestada, encontrada muchas veces en las redes, y cierran así el proceso de subjetivación [...] mediante una identificación adhesiva global, que obstruye el pensamiento".
Igual que el visionado de la película antes de leer el libro limita nuestra imaginación, la sobrexposición a pantallas roba nuestra capacidad simbólica e imaginativa, llena nuestro mundo interior de imágenes prestadas.
Le pregunta a varios psicólogos cómo han sido sus experiencias recientes con adolescentes y todos coinciden en que a los jóvenes de ahora les cuesta más pensar sobre sí mismos y es como si no tuvieran mundo interior.
Se apoya en Sherry Turkle para afirmar que "el uso de la tecnología entre los jóvenes, especialmente los dispositivos móviles, está disminuyendo la capacidad para hablar y para conversar en persona, y dificulta también la capacidad de empatía, que desciende entre ellos de forma imparable, así como también lo hace la introspección, vinculadas ambas a la presencia y a prestarle atención al otro".
No estoy de acuerdo con el capítulo que habla de la falta de fricción que hay en el mundo digital. Más bien es al revés: un paseo por algunos foros, por los comentarios de algunas noticias de periódicos online o por los chats de algunos videojuegos bastan para ver el nivel de toxicidad y fricción que se genera. Creo que los jóvenes de hoy están expuestos a más fricción por culpa del mundo digital y esto reduce sus ganas de conversar, interactuar y prestar atención a otros.
En ese mismo capítulo habla de la falta de escucha. Cada vez interactuamos menos entre nosotros y no escuchamos.
Generaliza cuando afirma que la educación sexual de los hombres está basada en "la violencia de la pornografía". Nada de acuerdo con esto.
"Casi todas las nuevas aproximaciones de abordaje del dolor psíquico y de la cura se centran en recuperar la capacidad de narrarnos, de desarrollar [...] la facultad de elaborar un relato sobre nosotros mismos".
Habla del gregarismo de las personas, de la necesidad de no quedar en ridículo frente a un grupo, del poder del colectivo frente a la convicción individual, tendencias que son clave para que prospere el nazismo, el yihadismo, etc.
"La construcción de una subjetividad autónoma por la que apuesto aquí no es una empresa corriente, como sí lo es la adhesión mimética a una identidad, que sería la tendencia más universal en el ser humano. Las religiones, los mitos, las ideologías y las modas no hacen sino explotar esta dificultad de los hombres y mujeres para dotarse de una subjetividad creativa. Construir un deseo, al margen del deseo mimético y de los mediadores que señalan lo que debemos o no desear, es una ardua tarea".
Hay que crear una subjetividad propia que cuestione las identificaciones prestadas mediante el pensamiento crítico y sirva para producir una identidad narrativa que dote de sentido a nuestra historia personal.
No comparto su visión de que somos folios en blanco que nos vamos rellenando siguiendo modelos... Invito a Lola a indagar en la astrología, le ayudaría mucho en su praxis psicológica.
Las pantallas secuestran nuestra atención y ofrecen una cantidad de información imposible de procesar por nuestro cerebro, lo que produce un trauma cognitivo y afectivo.
Aplaudo cuando dice que hay que feminizar la especie, esto es, "que los valores tradicionalmente atribuidos a la feminidad hegemónica en los que nos socializamos las mujeres en el patriarcado (cuidado de los vínculos y de los otros, uso del diálogo frente a la confrontación, inhibición y sublimación de la agresividad) se universalicen y sean asumidos por los hombres". Y no al revés, "una masculinización homogenizante de la especie".
Anders acuñó la expresión desnivel prometeico para hablar de la inferioridad que pueden sentir los humanos ante la perfección de la tecnología y lo artificial.
"Cuando el flujo comunicacional se intensifica y las fuentes de información se multiplican, el cerebro está expuesto a una corriente demasiado densa de información que no puede discriminar y que desborda sus capacidades de representación, lo que produce mutaciones neurológicas profundas e impide que ninguna imagen o representación logre instalarse. El ruido ocasionado por ese flujo impedirá que alguno de los elementos contenidos en él se convierta en un acontecimiento, en un hecho significativo capaz de fijar nuestra atención y de convertirse así en una experiencia comunicable".
Asocia el incremento de adolescentes que se autolesionan a la atrofia de su capacidad narrativa "que es síntoma de la producción del tipo de individualidad sin sujeto que genera el sistema neoliberal actual".
Los nacidos a partir de 2000, año en el que se universaliza internet, no tienen "menos recursos cognitivos que las generaciones anteriores, sino que se les empuja a utilizarlos de formas distintas, más superficiales, menos profundas; se les insta a huir de la complejidad".
"El nivel de inteligencia disminuye si esta no se ejercita: el pensamiento se atrofia y, con él, la capacidad narrativa".
Las etiquetas comunes (PAS, TOC, trans, etc.) alivian el malestar y apaciguan la posibilidad de que uno se busque a sí mismo. Dejas de pensar por ti mismo, acudes a etiquetas prestadas o valoraciones externas. "El problema de esta huida del pensamiento es que produce un vacío de representación y, por tanto, también de subjetivación. Los adolescentes sufren un malestar sin nombre que intentan calmar mediante la asunción de una identidad prestada, encontrada muchas veces en las redes, y cierran así el proceso de subjetivación [...] mediante una identificación adhesiva global, que obstruye el pensamiento".
Igual que el visionado de la película antes de leer el libro limita nuestra imaginación, la sobrexposición a pantallas roba nuestra capacidad simbólica e imaginativa, llena nuestro mundo interior de imágenes prestadas.
Le pregunta a varios psicólogos cómo han sido sus experiencias recientes con adolescentes y todos coinciden en que a los jóvenes de ahora les cuesta más pensar sobre sí mismos y es como si no tuvieran mundo interior.
Se apoya en Sherry Turkle para afirmar que "el uso de la tecnología entre los jóvenes, especialmente los dispositivos móviles, está disminuyendo la capacidad para hablar y para conversar en persona, y dificulta también la capacidad de empatía, que desciende entre ellos de forma imparable, así como también lo hace la introspección, vinculadas ambas a la presencia y a prestarle atención al otro".
No estoy de acuerdo con el capítulo que habla de la falta de fricción que hay en el mundo digital. Más bien es al revés: un paseo por algunos foros, por los comentarios de algunas noticias de periódicos online o por los chats de algunos videojuegos bastan para ver el nivel de toxicidad y fricción que se genera. Creo que los jóvenes de hoy están expuestos a más fricción por culpa del mundo digital y esto reduce sus ganas de conversar, interactuar y prestar atención a otros.
En ese mismo capítulo habla de la falta de escucha. Cada vez interactuamos menos entre nosotros y no escuchamos.
Generaliza cuando afirma que la educación sexual de los hombres está basada en "la violencia de la pornografía". Nada de acuerdo con esto.
"Casi todas las nuevas aproximaciones de abordaje del dolor psíquico y de la cura se centran en recuperar la capacidad de narrarnos, de desarrollar [...] la facultad de elaborar un relato sobre nosotros mismos".
Habla del gregarismo de las personas, de la necesidad de no quedar en ridículo frente a un grupo, del poder del colectivo frente a la convicción individual, tendencias que son clave para que prospere el nazismo, el yihadismo, etc.
"La construcción de una subjetividad autónoma por la que apuesto aquí no es una empresa corriente, como sí lo es la adhesión mimética a una identidad, que sería la tendencia más universal en el ser humano. Las religiones, los mitos, las ideologías y las modas no hacen sino explotar esta dificultad de los hombres y mujeres para dotarse de una subjetividad creativa. Construir un deseo, al margen del deseo mimético y de los mediadores que señalan lo que debemos o no desear, es una ardua tarea".
Hay que crear una subjetividad propia que cuestione las identificaciones prestadas mediante el pensamiento crítico y sirva para producir una identidad narrativa que dote de sentido a nuestra historia personal.
No comparto su visión de que somos folios en blanco que nos vamos rellenando siguiendo modelos... Invito a Lola a indagar en la astrología, le ayudaría mucho en su praxis psicológica.
Las pantallas secuestran nuestra atención y ofrecen una cantidad de información imposible de procesar por nuestro cerebro, lo que produce un trauma cognitivo y afectivo.
Aplaudo cuando dice que hay que feminizar la especie, esto es, "que los valores tradicionalmente atribuidos a la feminidad hegemónica en los que nos socializamos las mujeres en el patriarcado (cuidado de los vínculos y de los otros, uso del diálogo frente a la confrontación, inhibición y sublimación de la agresividad) se universalicen y sean asumidos por los hombres". Y no al revés, "una masculinización homogenizante de la especie".
Anders acuñó la expresión desnivel prometeico para hablar de la inferioridad que pueden sentir los humanos ante la perfección de la tecnología y lo artificial.
Hay que aplicar ética y regulación a la tecnología para lograr una humanidad respetuosa.

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