Carrère es un narrador magistral porque convierte casi cualquier tema en una obra de arte. Aquí vuelve a demostrar su talento tocando todas las teclas necesarias y logrando un equilibrio perfecto entre la descripción funcional, la reflexión, la anécdota externa y el golpe emotivo. Admito que, en general, el tema de la muerte me resulta fascinante, pero no se le puede quitar mérito a Carrère, pues consigue que el libro sea tremendamente adictivo y más profundo de lo que uno espera.
El autor incluye infinidad de detalles interesantes, tiene una precisión narrativa encomiable y selecciona la información con mucha perspicacia. Otro escritor, sin la agudeza ni la capacidad de síntesis de Carrère, habría hecho un libro de 1.000 páginas.
Comparto esta reflexión como aperitivo: "se habla demasiado, y con excesiva complacencia, del misterio del mal. Estar dispuesto a morir para matar, estar dispuesto a morir para salvar, ¿cuál de estos misterios es el más grande?".
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