20 de mayo de 2014

24h/m

Veinticuatro horas en la vida de una mujer de Stefan Zweig.

Una mujer se enamora de (se obsesiona por) un jugador de ruleta e intenta sacarle de su vicio. Zweig es un maestro de la prosa, eso está claro. Esa maestría se puede apreciar en la parte en la que la mujer describe las manos del jugador: brutal. Sólo por eso ya merece la pena el texto. Aparte, también cuestiona las pasiones humanas. Si bien la mujer siente un amor pasional repentino, en un período corto surgen sus emociones, el jugador lleva con su ludopatía (pasión por el juego) bastante más tiempo. Zweig explota la contraposición de la pasión repentina frente a la pasión construida a lo largo del tiempo y enfrenta la vida monótona de la mujer, donde esa pasión sorpresiva rompe la rutina y salpimenta su vida, con la del hombre que vive en un constante apasionamiento. Podríamos decir que enfrenta lo apolíneo y lo dionisíaco. La vida monótona quiere beber de las vidas apasionadas, mientras que el apasionado no quiere prescindir de esa llama interior y caer en una vida monótona y rutinaria. Buen libro.

5 comentarios:

  1. Buen libro y buena reseña.
    Qué disgusto me diste el otro día con los de "Vidas minúsculas", por cierto.
    Carlos

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  2. Lo tengo pendiente. Zweig no me ha decepcionado lo más mínimo en ninguna ocasión.

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    1. El de "¿Fue él?" me decepcionó, por lo demás...

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  3. Me lo prestaron a los 17, más o menos, y ni siquiera recordaba el nombre del autor, al que descubrí muchos años más tarde. Entonces me di cuenta de que aquella lectura no había sido una ñoñería de adolescente. Ahora he leído mucha ficción de él, pero aún tengo pendiente todas las biografías. Un autor de primera, al que solo hay que situar en su época para comprenderlo

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