La vida verdadera de Adeline Dieudonné.
La contraportada promete muchas cosas y lo que me encuentro aquí es taxidermia narrativa. Palabras que se pueden leer, pero que perdieron la vida hace mucho tiempo.
Las historias de violencia y depravación como esta piden una atmósfera oscura bien elaborada, algo que la autora no es capaz de ofrecer. De hecho, el tono y el estilo propagan una neutralidad incolora e insabora que no beneficia nada al texto.
Dieudonné se limita a marcar las casillas requeridas de violencia de género y empoderamiento femenino y poco más. Esto tiene la misma sutileza que la escopeta de un cazador y la misma frescura que un animal disecado. Todo es demasiado básico, con muchas ganas de impactar sin hacer el trabajo necesario para que el relato adquiera un mínimo de complejidad.
Caro Claire Burke: Yesteryear
Hace 10 horas

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